Nueva revista: Revolución Hasta el Fin

Nota BV: Hace poco hallamos esta interezantísima iniciativa digna de compartir y difundir. Se trata de una revista de compañer@s de la región chilena, principalmente de caractér teórico, en la cual se compilan textos de las corrientes comunistas y anarquistas modernas, bastante afin a este sitio (para que se hagan una idea).

Revolucion-hasta-el-fin-0_Page_01Contenido:
Presentación R.h.f.
Revoluciones a medias/
Revolución hasta el Fín
Dictadura anti-estatal del
proletariado. Malatesta/Der
Syndicalist/R. Vaneigem.
-Laín Díez, Prefacio a
“Lenin filósofo” (de A.
Pannekoek).
Contracriminalística y
chanchología aplicada: de la
CNI a la ANI.
Dossier Lucha de Clases en
Chile: 1973 Introducción y tres
textos (Pointblank! /VOP/ correo
proletario).
-Comentarios breves:
/La trampa, Victor Cofré
/36+68=1000, textos del M.I.L.
/The housing monster., prole.info

Presetación:

Presentamos los siguientes materiales que desde ya hace un tiempo y con una exagerada intermitencia hemos ido reuniendo con el fin de publicarlos. Tanto en su búsqueda como en el proceso de ello hemos ido proponiendo distintas discusiones que la orden del día nos va presentando y este boletín es el medio practico para ello. Nos proponemos hacer material ciertas discusiones que resultan cruciales a la hora de plantear nuestras luchas y darles proyección.

La falta de análisis compañerxs y de canales de comunicación que nutran de manera efectiva el andar del movimiento revolucionario, de transformar la riqueza de la experiencia de la lucha en posiciones claras y en discusiones que nos lleven al avance es lo que nos hace asumir como primera necesidad y de manera impostergable la publicación de este tipo de material (que muchas veces puede ser acusado de “teoricista”).

En el presente numero les presentamos tanto ciertos materiales históricos que en algún momento habían sido re difundidos en la red, enfocándonos en principio en la desmitificación de los distintos conceptos esenciales dentro de la crítica revolucionaria que la historia de la socialdemocracia y el leninismo de todos los colores se apropió vaciándoles todo su contenido, como algunos de los textos que publicamos también virtualmente el pasado septiembre a mención del 40 aniversario del golpe de estado en esta región. Aunque la idea es ir aportando con críticas y aportes desde nuestras discusiones presentamos este número como puntapié a estas y a los aportes con los que ustedes puedan ayudarnos.

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Algunas apreciaciones sobre anarquismos y marxismos de Guy Debord (La Sociedad del Espectáculo)

Estas son algunas apreciaciones de Debord tomadas de La sociedad del Espectáculo, del capítulo IV: El proletariado como sujeto y como representación, capítulo que “retoma el movimiento histórico precedente (siempre yendo de lo abstracto a lo concreto), como historia del movimiento revolucionario. Es una síntesis del fracaso de la revolución proletaria y de su retorno, y desemboca en la cuestión de la organización revolucionaria.” (en palabras de punkfreejazzdub). Es cierto que la coherencia de la crítica unitaria de Debord y la Internacional Situacionista halla aquella coherencia unitaria en la todalidad de su crítica y no en parcialidades, o sea, se hace  defícil darle crédito solo a unas tésis de la Sociedad del Espectáculo mientras no se reconozca que esta tiene sentido en tanto halla su coherencia en  conjunto con los demás postulados del autor; quiero decir que se hace una lectura pobre de la Sociedad… si se comprende solo una pequeña parte de las tesis.

Pero aún así, y a riesgo de perder aquella coherencia unitaria de la crítica que caracteriza a este título, especialmente a este capítulo (que consideramos el de mayor importancia del libro), tomamos algunas tesis sobre anarquismos y marxismos que Debord aborda de forma crítica y que nosotros, al separarlas de su contenido original, las convertimos quizá en notas dispersas y malogradas, pero todavía validaz, ya que contienen en esencia aquella crítica unitaria y radical sobre los aspectos a superar de las expresiones del movimiento proletario del pasado, para estirpar de él lo que aún subsistía de ideológico y convertirlo en verdadera teoría revolucionaria. Como dice la tesis 124: “Toda teoría revolucionaria es ahora enemiga de toda ideología revolucionaria y sabe que lo es”

Para quién no esté familiarizado con la lectura de Debord ni los situacionistas, La Sociedad del Espectáculo está compuesta de 221 tesis repartidas en 9 capítulos, así que el número que verán sobre cada “nota” corresponde a la numeración de la tesis. Hay saltos entre la numeración porque hacemos una suerte de selección de las tesis tomando solo las que creemos más necesarios para referirnos de manera crítica los movimientos proletarios contrapuetos de aquellas épocas pasadas.

La cuestión dice así:

91

Los primeros éxitos de la lucha de la Internacional la llevaban a liberarse de las influencias confusas de la ideología dominante que subsistían en ella. Pero la derrota y la represión que pronto halló hicieron pasar al primer plano un conflicto entre dos concepciones de la revolución proletaria que contienen ambas una dimensión autoritaria para la cual la auto-emancipación consciente de la clase es abandonada. En efecto, la querella que llegó a ser irreconciliable entre los marxistas y los bakuninistas era doble, tratando a la vez sobre el poder en la sociedad revolucionaria y sobre la organización presente del movimiento, y al pasar de uno a otro de estos aspectos, la posición de los adversarios se invierte. Bakunin combatía la ilusión de una abolición de las clases por el uso autoritario del poder estatal, previendo la reconstitución de una clase dominante burocrática y la dictadura de los más sabios o de quienes fueran reputados como tales. Marx, que creía que una maduración inseparable de las contradicciones económicas y de la educación democrática de los obreros reduciría el papel de un Estado proletario a una simple fase de legislación de nuevas relaciones sociales objetivamente impuestas, denunciaba en Bakunin y sus partidarios el autoritarismo de una élite conspirativa que se había colocado deliberadamente por encima de la Internacional y concebía el extravagante designio de imponer a la sociedad la dictadura irresponsable de los más revolucionarios o de quienes se designasen a sí mismos como tales. Bakunin reclutaba efectivamente a sus partidarios sobre una perspectiva tal: “Pilotos invisibles en medio de la tempestad popular, nosotros debemos dirigirla, no por un poder ostensible sino por la dictadura colectiva de todos los aliados. Dictadura sin banda, sin título, sin derecho oficial, y tanto más poderosa cuanto que no tendrá ninguna de las apariencias del poder.” Así se enfrentaron dos ideologías de la revolución obrera conteniendo cada una una crítica parcialmente verdadera, pero perdiendo la unidad del pensamiento de la historia e instituyéndose ellas mismas en autoridades ideológicas. Organizaciones poderosas, como la social-democracia alemana y la Federación Anarquista Ibérica sirvieron fielmente a una u otra de estas ideologías; y en todas partes el resultado ha sido enormemente diferente del que se deseaba.

92

El hecho de considerar la finalidad de la revolución proletaria como inmediatamente presente constituye a la vez la grandeza y la debilidad de la lucha anarquista real (ya que en sus variantes individualistas, las pretensiones del anarquismo resultan irrisorias). Del pensamiento histórico de las luchas de clases modernas el anarquismo colectivista retiene únicamente la conclusión, y su exigencia absoluta de esta conclusión se traduce igualmente en un desprecio deliberado del método. Así su crítica de la lucha política ha seguido siendo abstracta, mientras que su elección de la lucha económica sólo es afirmada en función de la ilusión de una solución definitiva arrancada de un solo golpe en este terreno, el día de la huelga general o de la insurrección. Los anarquistas tienen un ideal a realizar. El anarquismo es la negación todavía ideológica del Estado y de las clases, es decir, de las condiciones sociales mismas de la ideología separada. Es la ideología de la pura libertad que todo lo iguala y que aleja toda idea del mal histórico. Este punto de vista de la fusión de todas las exigencias parciales ha dado al anarquismo el mérito de representar el rechazo de las condiciones existentes para el conjunto de la vida, y no alrededor de una especialización crítica privilegiada; pero siendo considerada esta fusión en lo absoluto según el capricho individual antes que en su realización efectiva ha condenado también al anarquismo a una incoherencia fácilmente constatable. El anarquismo no tiene más que repetir y poner en juego en cada lucha su misma y simple conclusión total, porque esta primera conclusión era identificada desde el origen con la culminación integral del movimiento. Bakunin podía pues escribir en 1873, al abandonar la Federación Jurasiana: “En los últimos nueve años se han desarrollado en el seno de la Internacional más ideas de las que serían necesarias para salvar el mundo, si las ideas solas pudieran salvarlo, y desafío a cualquiera a inventar una nueva. El tiempo ya no pertenece a las ideas, sino a los hechos y a los actos.” Sin duda esta concepción conserva del pensamiento histórico del proletariado esta certeza de que las ideas deben llegar a ser prácticas, pero abandona el terreno histórico suponiendo que las formas adecuadas de este paso a la práctica están ya encontradas y no variarán más.

93

Los anarquistas, que se distinguen explícitamente del conjunto del movimiento obrero por su convicción ideológica, van a reproducir entre ellos esta separación de competencias, proporcionando un terreno favorable a la dominación informal sobre toda organización anarquista de los propagandistas y defensores de su propia ideología, especialistas tanto más mediocres cuanto que por regla general su actividad intelectual se propone principalmente la repetición de algunas verdades definitivas. El respeto ideológico de la unanimidad en la decisión ha favorecido más bien la autoridad incontrolada en la organización misma de especialistas de la libertad; y el anarquismo revolucionario espera del pueblo liberado el mismo tipo de unanimidad, obtenida por los mismos medios. Por otra parte, el rechazo a considerar la oposición de las condiciones entre una minoría agrupada en la lucha actual y la sociedad de los individuos libres ha alimentado una permanente separación de los anarquistas en el momento de la decisión común, como lo muestra el ejemplo de una infinidad de insurrecciones anarquistas en España, limitadas y aplastadas en un plano local.

94

La ilusión sostenida más o menos explícitamente en el anarquismo auténtico es la inminencia permanente de una revolución que deberá dar razón a la ideología y al modo de organización práctica derivado de la ideología, llevándose a término instantáneamente. El anarquismo ha conducido realmente, en 1936, una revolución social y el esbozo más avanzado que ha existido de un poder proletario. En esta circunstancia todavía hay que hacer notar, por una parte, que la señal de insurrección general fue impuesta por el pronunciamiento del ejército. Por otra parte, en la medida en que esta revolución no había sido concluida en los primeros días, por el hecho de la existencia de un poder franquista en la mitad del país, apoyado fuertemente por el extranjero mientras que el resto del movimiento proletario internacional ya estaba vencido, y por el hecho de la supervivencia de fuerzas burguesas o de otros partidos obreros estatistas en el campo de la República, el movimiento anarquista organizado se ha mostrado incapaz de extender las semi-victorias de la revolución e incluso de defenderlas. Sus jefes reconocidos han llegado a ser ministros y rehenes del Estado burgués que destruía la revolución para perder la guerra civil.

98

Lenin no ha sido, como pensador marxista, sino el kautskista fiel y consecuente que aplicaba la ideología revolucionaria de este “marxismo ortodoxo” en las condiciones rusas, condiciones que no permitían la práctica reformista que la II Internacional llevaba consigo en contrapartida. La dirección exterior del proletariado, actuando por medio de un partido clandestino disciplinado, sometido a los intelectuales convertidos en “revolucionarios profesionales”, constituye aquí una profesión que no quiere pactar con ninguna profesión dirigente de la sociedad capitalista (el régimen político zarista era por otra parte incapaz de ofrecer tal apertura que se basa en un estado avanzado del poder de la burguesía). Se convierte pues en la profesión de la dirección absoluta de la sociedad.

99

El radicalismo ideológico autoritario de los bolcheviques se desplegó a escala mundial con la guerra y el hundimiento ante ella de la socialdemocracia internacional. El sangriento final de las ilusiones democráticas del movimiento obrero había hecho del mundo entero una Rusia, y el bolchevismo, reinando sobre la primera ruptura revolucionaria que había traído consigo esta época de crisis, ofrecía al proletariado de todos los países su modelo jerárquico e ideológico para “hablar en ruso” a la clase dominante. Lenin no reprochó al marxismo de la II Internacional ser una ideología revolucionaria, sino haber dejado de serlo.

100

El mismo momento histórico en que el bolchevismo ha triunfado por sí mismo en Rusia y la social-democracia ha combatido victoriosamente por el viejo mundo marca el nacimiento acabado de un orden de cosas que es el centro de la dominación del espectáculo moderno: la representación obrera se ha opuesto radicalmente a la clase.

102

La organización del proletariado sobre el modelo bolchevique, que había nacido del atraso ruso y de la capitulación del movimiento obrero de los países avanzados ante la lucha revolucionaria, encontró también en el atraso ruso todas las condiciones que llevaban esta forma de organización hacia la inversión contrarrevolucionaria que contenía inconscientemente en su germen original; y la capitulación reiterada de la masa del movimiento obrero europeo ante el Hic Rhodus, hic salta del período 1918-1920, capitulación que incluía la destrucción violenta de su minoría radical, favoreció el desarrollo completo del proceso y permitió que el falaz resultado se afirmara ante el mundo como la única solución proletaria. La apropiación del monopolio estático de la representación y de la defensa del poder de los obreros, que justificó al partido bolchevique, le hizo llegar a ser lo que ya era: el partido de los propietarios del proletario, eliminando en lo esencial las formas precedentes de propiedad.

104

Al permanecer la burocracia como única propietaria de un capitalismo de Estado trató primero de asegurar su poder en el interior mediante una alianza temporal con el campesinado, después de Cronstadt, y con la “nueva política económica”, tal y como la defendió en el exterior utilizando a los obreros regimentados en los partidos burocráticos de la III Internacional como fuerza de apoyo de la diplomacia rusa, para sabotear todo movimiento revolucionario y sostener gobiernos burgueses con cuyo apoyo contaba en política internacional (el poder de Kuo-Min-Tang en la China de 1925-27, el Frente Popular en España y en Francia, etc.). Pero la sociedad burocrática debía proseguir su propia culminación mediante el terror ejercido sobre el campesinado para realizar la acumulación capitalista primitiva más brutal de la historia. Esta industrialización de la época estalinista revela la realidad última de la burocracia: es la continuación del poder de la economía, el salvamiento de lo esencial de la sociedad mercantil mediante el mantenimiento del trabajo-mercancía. Es la prueba de la economía independiente que domina la sociedad hasta el punto de recrear para sus propios fines la dominación de clase que le es necesaria: lo que equivale a decir que la burguesía ha creado un poder autónomo que, mientras subsista esta autonomía, puede hasta llegar a prescindir de la burguesía. La burocracia totalitaria no es “la última clase propietaria de la historia” en el sentido de Bruno Rizzi, sino solamente una clase dominante de sustitución para la economía mercantil. La propiedad privada del capitalismo decadente es reemplazada por un sub-producto simplificado, menos diversificado, concentrado en propiedad colectiva de la clase burocrática. Esta forma subdesarrollada de clase dominante es también la expresión del subdesarrollo económico; y no tiene otra perspectiva que superar el retraso de este desarrollo en ciertas regiones del mundo. El partido obrero, organizado según el modelo burgués de la separación, ha proporcionado el cuadro jerárquico-estatal a esta edición suplementaria de la clase dominante. Anton Ciliga anotaba en una prisión de Stalin que “las cuestiones técnicas de organización resultaban ser cuestiones sociales” (Lenin y la revolución).

105

La ideología revolucionaria, la coherencia de lo separado de la que el leninismo constituye el más alto esfuerzo voluntarista, que detenta la gestión de una realidad que la rechaza, con el stalinismo reencontrará su verdad en la incoherencia. En este momento la ideología ya no es un arma, sino un fin. La mentira que ya no es contradicha se convierte en locura. Tanto la realidad como el fin son disueltos en la proclamación ideológica totalitaria: todo lo que ella dice es todo lo que es. Es un primitivismo local del espectáculo, cuyo papel es sin embargo esencial en el desarrollo del espectáculo mundial. La ideología que aquí se materializa no ha transformado económicamente el mundo, como el capitalismo que ha alcanzado el estadio de la abundancia; solo ha transformado políticamente la percepción.

110

Cuando la burocracia rusa logró por fin deshacerse de las marcas de la propiedad burguesa que trababan su reino sobre la economía al desarrollar ésta para su propio uso y ser reconocida en el exterior entre las grandes potencias, quiso gozar tranquilamente de su propio mundo suprimiendo esta parte de arbitrariedad que se ejercía sobre ella misma: denunció el estalinismo de su origen. Pero tal denuncia sigue siendo estalinista, arbitraria, inexplicada e incesantemente corregida, pues la mentira ideológica de su origen no puede jamás revelarse. Así la burocracia no puede liberarse ni cultural ni políticamente porque su existencia como clase depende de su monopolio ideológico que, con todo su peso, es su único título de propiedad. La ideología ha perdido ciertamente la pasión de su afirmación positiva, pero lo que de ella subsiste de trivialidad indiferente tiene todavía esta función represiva de prohibir la menor concurrencia, de tener cautiva la totalidad del pensamiento. La burocracia está así ligada a una ideología que ya no es creída por nadie. Lo que era terrorista se ha vuelto irrisorio, pero esta misma irrisión no puede mantenerse si no es conservando en segundo plano el terrorismo del que hubiera querido deshacerse. Así, al mismo tiempo que la burocracia quiere demostrar su superioridad en el terreno del capitalismo se reconoce como pariente pobre del capitalismo. De la misma forma que su historia efectiva está en contradicción con su derecho y su ignorancia groseramente mantenida en contradicción con sus pretensiones científicas, su proyecto de rivalizar con la burguesía en la producción de una abundancia mercantil está entorpecido por el hecho de que tal abundancia lleva en sí misma su ideología implícita y surte normalmente una libertad indefinidamente extendida de falsas elecciones espectaculares, seudo-libertad que sigue siendo inconciliable con la ideología burocrática.

114

En este desarrollo complejo y terrible que ha arrastrado la época de las luchas de clases hacia nuevas condiciones el proletariado de los países industriales ha perdido completamente la afirmación de su perspectiva autónoma y, en último análisis, sus ilusiones, pero no su ser. No ha sido suprimido. Mora irreductiblemente existiendo en la alienación intensificada del capitalismo moderno: es la inmensa mayoría de trabajadores que han perdido todo el poder sobre el empleo de sus vidas y que, los que lo saben, se redefinen como proletariado, el negativo del obrero en esta sociedad. Este proletariado es reforzado objetivamente por el movimiento de desaparición del campesinado así como por la extensión de la lógica del trabajo en la fábrica que se aplica a gran parte de los “servicios” y de las profesiones intelectuales. Este proletariado se halla todavía subjetivamentealejado de su conciencia práctica de clase, no sólo entre los empleados sino también entre los obreros que todavía no han descubierto más que la impotencia y la mistificación de la vieja política. Sin embargo, cuando el proletariado descubre que su propia fuerza exteriorizada contribuye al fortalecimiento permanente de la sociedad capitalista, ya no solamente bajo la forma de su trabajo, sino también bajo la forma de los sindicatos, los partidos o el poder estatal que él había construido para emanciparse, descubre también por la experiencia histórica concreta que él es la clase totalmente enemiga de toda exteriorización fijada y de toda especialización del poder. Es portador de la revolución que no puede dejar nada fuera de sí misma, la exigencia de la dominación permanente del presente sobre el pasado y la crítica total de la separación; y es aquí donde debe encontrar la forma adecuada en la acción. Ninguna mejora cuantitativa de su miseria, ninguna ilusión de integración jerárquica son un remedio durable contra su insatisfacción, porque el proletariado no puede reconocerse verídicamente en una injusticia particular que haya sufrido ni tampoco en la reparación de una injusticia particular, ni de un gran número de injusticias, sino solamente en la absoluta injusticia de ser arrojado al margen de la vida.

121

La organización revolucionaria no puede ser más que la crítica unitaria de la sociedad, es decir, una crítica que no pacta con ninguna forma de poder separado, en ningún lugar del mundo, y una crítica pronunciada globalmente contra todos los aspectos de la vida social alienada. En la lucha de la organización revolucionaria contra la sociedad de clases, las armas no son otra cosa que la esencia de los propios combatientes: la organización revolucionaria no puede reproducir en sí misma las condiciones de escisión y de jerarquía de la sociedad dominante. Debe luchar permanentemente contra su deformación en el espectáculo reinante. El único límite de la participación en la democracia total de la organización revolucionaria es el reconocimiento y la autoapropiación efectiva, por todos sus miembros, de la coherencia de su crítica, coherencia que debe probarse en la teoría crítica propiamente dicha y en la relación entre ésta y la actividad práctica.

124

La teoría revolucionaria es ahora enemiga de toda ideología revolucionaria y sabe que lo es.

———————————

El proletariado como sujeto y como representación, capítulo íntegro (versión Archivo Situacionista Hispano).

La sociedad del espectáculo (traducción de Rodrigo Vicuña Navarro).

La Sociedad del Espectáculo, en 9 partes en youtube, Capítulo 4 a partir de parte 6, minuto 8:28.

Propuesta para una praxis revolucionaria (Texto y panfleto para descargar).

NOTA BV: El siguiente texto cuenta como algunos meses desde su difusión. A pesar de saber de su exitencia y empatizar con su contenido, no habíamos hecho nuestra parte difundiendolo por mero olvido. Como el contenido del texto trasciende del marco en el que se englobó su difusión (durante la manifestación de todos los años visperas de otro 11 de septiembre -conmemoración del golpe de Estado en la región chilena), lo difundimos ahora, que nos acordamos.

NOTA DE LOS AUTORES: Este panfleto fue repartido a rostro cubierto, durante la romería al cementerío general, en el marco de una nueva conmemoración del golpe de estado de 1973 (en la región chilena). La idea de esta edición digital, es contribuir a la confrontación de ideas y al reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias tan atomizadas en el presente. Para hacernos llegar cualquier comentario, duda, aporte o insulto dejamos este correo a su disposición: proletas@riseup.net

proletas

El siguiente texto, es un trabajo colectivo, que nace de la discusión teórica entre compañeras y compañeros, que luchamos a diario para fortalecernos como sujetos revolucionarios. Tomamos conciencia y en la lucha hemos avanzado y seguiremos avanzando. Creemos que es necesario compartir estas reflexiones que pretenden ser una herramienta teórica alternativa que ayude a constituir la práctica revolucionaria. Se las entregamos para que la sometan a la crítica, teórica y prácticamente. Creemos que otro mundo es posible pero solo en la medida que dejemos de ser masa, y nos volvamos sujetos autónomos conscientes, creativos y activos, que nos articulemos, que ejecutemos, que nos atrevamos, que nos equivoquemos, aprendamos y sigamos avanzando, podremos cambiar el orden existente. Lo importante es tomar posiciones, decidirse, caminar en serio, la revolución no es un juego, y necesita de todos y todas, necesita práctica y teoría, ninguna más importante que la otra, ambas deben ir de la mano e ir marchando juntas y dialécticamente.

La cosa va enserio, y por lo tanto debemos ser conscientes de los riesgos y el trabajo que implica tomar la decisión de vivir un camino de lucha. La revolución requiere voluntad y esfuerzo de aquellxs que decidimos tomar posiciones, es imprescindible sacar de nuestras mentes fantasías simplistas que nos llevan a creer que solo el placer y la satisfacción moverán cada una de nuestras acciones. Habrá momentos de cansancio y agotamiento, de desidia, pero otros sin duda de mucha satisfacción. No será fácil, el esfuerzo debe existir si queremos dar golpes certeros que nos encaminen a la victoria.

Es por la seriedad de las palabras que están leyendo que creemos necesario hacerles llegar este texto, que es una apuesta por la construcción teórica colectiva. Es imprescindible que se difunda, que circule que corra, pues creemos que hoy más que nunca estamos carentes de teoría. Los movimientos sociales son una masa uniforme que no cuestiona, hay instinto pero no critica, no hay trabajo teórico ni contenido político, y se vuelven una imagen, un espectáculo, una válvula de escape que deja de tensionar y se estira, un embudo y una salida fácil para mantener vigente el sistema. Es por esto que creemos que es necesario revisar la teoría y la práctica de “viejos” revolucionarios, para reinventarlas y contextualizarlas, reconociendo que en esta modernidad tardía o capitalismo tardío1 ningún paradigma teórico ni mucho menos ideológico nos ofrecerá una buena lectura del momento histórico del que somos parte, ni el marxismo, ni el anarquismo, ni en su versión situacionista,2 pueden satisfacer hoy las explicaciones teóricas necesarias para comprender el estado actual de las cosas .

Este texto entonces, es una invitación a la reflexión a la crítica y a la práctica, y una propuesta teórica del quehacer revolucionario. Hoy más que nunca es necesario e imprescindible un cambio de estas proporciones, un mundo que se agota ante la industrialización y la violencia del capitalismo, donde las personas somos arrastradas a la condición de objetos y nuestra libertad vive encerrada en una pantalla, en un espectáculo.

De este modo el siguiente texto pretende contextualizar conceptos teóricos tomados de luchas de antaño, para revitalizarlos y construir una herramienta teórica que nos permita acceder desde una perspectiva autónoma a la crítica y a la propuesta.

Aclaramos que no somos marxistas, no somos anarquistas, utilizamos la teoría de Marx y las ideas anarquistas como herramientas de lucha que nos permiten comprender la sociedad, criticarla y transformarla en la acción y en la palabra. Somos parte de la lucha que emprendieron los primeros seres humanos que se rebelaron contra la explotación y la esclavitud, por lo tanto herederos históricos de sus luchas, nos hacemos cargo de sus errores para transformar constantemente nuestra teoría-práctica, estamos conscientes de su entrega, aciertos y desaciertos, y nos hacemos parte

de ese camino que aquellas mujeres y hombres tuvieron la valentía mostrarnos, somos sus continuadores, somos historia, somos presente y futuro, somos revolucionarios.

11 de Septiembre 2013.

1 El concepto de Modernidad tardía es utilizado por Miguel Amorós en el texto “los cambios de la modernidad tardía” y por Ernest Mandel en “El Capitalismo tardío”.

2 Miguel Amorós, “Los cambios de la modernidad tardía”.

Propuesta para una praxis revolucionaria, para que descargues, leas, imprimas, difundaz y agites:

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Proletas@riseup.net

Nuevo Nº de Cuadernos de Negación: Crítica de la Razón Capitalista

https://bravatavandalica.files.wordpress.com/2013/12/2e26d-spot8.jpg
La ciencia, la tecnología y noción de progreso, no se encuentran por fuera del modo de producción capitalista, son parte constitutiva de éste y como una sola ideología imprimen un modo de percibir el mundo y de actuar en él.La razón dominante es burguesa, porque en tanto que idea pero tambien como fuerza material, actúa en beneficio del Capital.Hasta hoy, la gran mayoría de los llamados a la “revolución” han sido y son en nombre de la libertad y la igualdad burguesas, de la ciencia y la Razón, de la eficacia y el progreso… y ya es tiempo de romper con ello.

Contenido:
En estos tiempos… 
Tecnología y ganancia 
La realidad de lo virtual
– Una nueva mercancía: la intimidad
▪ Crítica de la razón capitalista– Introducción
– La catástrofe razonable
– Razón de Estado
– La vida no es un mecanismo
– Instrumentalización y cosificación
▪ El progreso del Capital
– Totalitarismo y dependencia
– La ilusión de eficiencia
– El ejemplo del coltan
– El progreso moderniza la pobreza
– Ruptura y revolución
El condicionamiento tecnológico 
La crítica al capital supone la crítica a la ciencia
– La otra cara de la ciencia del Capital: las ciencias ¿humanas?
– El totalitarismo científico
– La ciencia no es neutral
▪ Ciencia y enfermedad   
– Medicina, salud y sociedad
– Multiplicación de enfermedades
– Prevención y comercio
– Salud y normalidad
– Medicina y guerra
▪ Crítica de la crítica
– Ecologismo
– Primitivismo
– Posmodernismo
▪ ¡Romper con la mentalidad capitalista!

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[Chile] Nuestros sueños no caben en sus marchas… (2012)

Intro de Bravata Vandálica

En Chile, el 2011 se caracterizó por ser un agitado año de de movilizaciones sociales, especialmente por las revueltas estudiantiles que por su masividad sorprendieron a todos, y que para los buenos observadores -y partícipes- contenía (y contiene aún) en su germen una potencia negadora que nadie con altura de miras y pensamiento crítico podría desmentir. Entre la altísima convocatoria de las marchas y la masividad de establecimientos tomados por sus estudiantes (desde escuelas a universidades) se registró como una de sus grandes marcas la proliferación de la lucha callejera contra las fuerzas del orden, específicamente la proliferación de quienes se cubrían el rostro cuando las manifestaciones callejeras ofrecían sin querer las posibilidades de quiebre violento con la cotidianidad, los encapuchados (ya no “unos” ni “algunos”, sino “Los” según el manoseo mediático), aumento que el Espectáculo no pudo negar y que incluso intenta aún utilizar para su legitimación y producción de “opinión pública”, producción evidentemente eficaz cuando también se reproduce entre las filas de estudiantes “críticos” que de manera para-policial defendían el orden de las marchas cuando enfrentaban a los “violentistas” para quedar bien con la prensa y el Estado, demostrando también que ellos y el orden pueden ser una misma cosa (“críticos” demócratas y bienportados). Mientras sucedían los primeros meses esta proliferación no hizo más que crecer a medida que se iban integrando los más jóvenes (secundarios) en las revueltas callejeras (y que tuvo un claro y lamentable declive en la última etapa del año).
encapuchados
La maduración de esta proliferación negadora se hizo además palpable es su aspecto cualitativo cuando en el 2012 el movimiento intentó reemerger ahora de la mano de los secundarios; en este análisis hay dos cuestiones a destacar si se quiere hablar de la potencia negadora en esta segunda etapa del movimiento estudiantil iniciado el 2011. La primera es sobre el lado institucional que “dialoga” con el poder y el cual funciona como carta de presentación del estudiantado secundario para el poder y sus medios: las “bases” (con sus orgánicas) y sus representantes, que sin embargo contienen en su discurso un marcado germen anti-estatal. La ACES y sus representantes destacaron como la representación del estudiantado secundario, y su discurso se caracteriza, además por la “democratización” y gratuidad de la educación, por una “democratización” de todo cada aspecto social y la organización de estos según las bases, y en un fuerte rechazo a la representación burocrática y al sufragio, (aunque también reproducieran actitudes burócratas) llamando públicamente a abstenerse del voto e incitando a organizarce localmente. Aunque claramente la actual representación secundaria no supera su aspecto socialdemócrata y que su lógica opere sobre la lógica de lo existente, es interesante el discurso de un nuevo movimiento secundario que se propone el quiebre con la representación democrática y con la participación efectiva actual en el Estado (no podemos asegurar que alguno de sus representantes no acabe de burócrata en otro nuevo partido reformista).

El segundo aspecto negador a destacar es la proliferación del germen anárquico y libertario entre los secundarios participes del movimiento. Escuelas o institutos “emblemáticos” (de los que alguna vez se graduaron burócratas y destacables personajes nacionales) tomados se han prestado (incluso en estos momentos del actual movimiento) para varias actividades de carácter crítico, libertario y abiertamente anti autoritario. Esta radicalización de la lucha secundaria se materializa también en los estudiantes que han resistido encapuchados los desalojo de sus liceos y en los muchos que en las marchas se violentan contra los esbirros, la propiedad y la urbe del capital. En muchas ocaciones este movimiento de la toma de escuelas tiene un marcado carácter anti-escuela, talvez aún invisivle para varios de los que también participaban el año pasado y también lo hacen este 2013 (“si somos delincuentes es porque sus escuelas son cárceles” se lee en algunas murallas de algunos de los establecimientos en toma este año).

Quizás habría algo de iluso y superficial en la certeza de que esto representa una avanzada anárquica y negadora dentro del movimiento estudiantil, pero por otra parte es imposible no tomarla en cuanto debido a su potencialidad.

En este momento, Julio del 2013, hay varias instituciones secundarias y universitarios en toma y/o movilizados. Muchas se ellas han sido desalojadas o simplemente han depuesto la movilización, y aunque son algo escaso en comparación al alcance de las movilizaciones del 2011, por lo menos si han sido más masivas en cuanto a tomas y participación universitaria que las del 2012 y a ratos nos recuerdan, por su intención y potencialidad, a lo que se vivió en las calles, escuelas y universidades el 2011.

El siguiente texto data del miércoles 12 de octubre del 2012, un día antes de un nuevo llamado a paro estudiantil por parte de la Confech (Confederación de Estudiantes de Chile)

[Chile] Nuestros sueños no caben en sus marchas…

Extraido de Panfletos Subversivos

Dejemos de ser borregos!

“Es ahí de donde el encuentro con otros extrae su realidad: en una crítica del mundo existente que, dado que ya ha sido expresada, favorece la coincidencia de intereses, de aspiraciones comunes. Esta puede ser hecha a partir de lo experimentado en su propia calle, en su casa”
(Grupo “Imprimerie 34”)

En cada marcha que es convocada por la CONFECH, se suele ser-movilizado como borrego de un lugar a otro. Como borregos en tanto nos vinculamos con el mundo de las mercancías sin un ápice de sentido critico, de “pensar”…sabemos que existen núcleos de proletarios que asisten a ellas con otras intenciones y para darles otro contenido. Ese es el punto. He ahí lo de borrego, lo de ser-movilizado, nuestra critica que no es el carácter socialdemócrata, ciudadanista, reformista, etc; sino mas bien es una critica a la ideología que predomina en el movimiento estudiantil.
En cada marcha que asistimos encontramos el desborde de ideología. ¿Debemos dejar de hacer marchas? Hablamos de quienes le dan el contenido a esa marcha (con esto nos referimos a una práctica que se ha desarrollado dentro de este, en un contexto determinado y que ha derivado en ciertas formas de hacer las cosas). Usualmente este contenido lo da el estado, la marcha es colocada sutilmente ahí, donde debe estar, para ser cumplida sin salirse de ciertos parámetros ni antes ni después. Bajar el moño es el primer paso para que los que buscan hacer sus carreras políticas terminen sentados discutiendo en alguna mesa. Reafirmamos la solución que el enemigo nos propone, donde la misma marcha se transforma en un ritual para ir hacia la política.

 

Nuestra practica e ideología como primer afronte…

“Toda representación política es antesala y obstáculo para una fusión de fuerzas”.
(Jaques Camatte 1972).

Hablamos de una de las tantas contradicciones del movimiento estudiantil, en tanto expresión de las contradicciones del capital…en el movimiento se dan prácticas históricas que desembocan en una ideología que podríamos llamar “política” (una de las tantas que podríamos encontrar) pero que también expresa prácticas que como acción devienen siempre crítico. Cuando impera la ideología de la política, las orgánicas luchan por captar seguidores mientras que el Estado refuerza la naturalización del orden de lo posible. El como esa ideología ha invadido los movimientos es ya una tarea histórica donde todo órgano político (en el sentido que aquí le damos y que por tanto actúa dentro de dichos parámetros) ha cooperado en aquello y quienes no participan de ninguno de estas orgánicas también en tanto realizan practicas que son apropiadas en su sentido por el enemigo.
Cuando nos llaman a “solucionar políticamente esto” nos están diciendo que nos sometamos al régimen de orden y posibilidad que constituye la política y especialmente su esencia en armonizar e invisibilizar los fundamentos que provocan los conflictos.
Es el jueguito político al cual quieren llevar la lucha estudiantil, es básicamente llevarlo al orden de lo posible. Lo “posible” acorde a los limites que la reproducción del capital determina.En dicho campo ya se han forjado burocracias, federaciones, etc. Todas ellas simplemente recogen al proletario que estudia desbordando ideología y lo potencia con sus “soluciones”. Se conforma un terreno que es verdadera fabricación de la realidad: una cotidianeidad del estudiante donde la pasividad es sinónimo de actuar en tanto se obedece a los llamados “desde arriba”…donde la extensión de la política ejercida por las “organizaciones que nos representan” son el modo en que nosotros extendemos la cotidianeidad para que el capital, en tanto intentamos adecuarnos a lo que desde arriba se diga, nos sigue exprimiendo energías para validarse en las muestras de “política” que dan los proletarios que estudian (“Esta es la democracia, donde cada cual puede protestar…pero el que me quite mi poder o webee se va de palos”); las organizaciones que agrupan el descontento ideológico son un obstáculo, no problema. Es necesario romper con ellas para recién empezar a realizar una critica a la ideología

El arte de la anti-política, la belleza del sabotaje …

“Nuestra época no necesita escribir consignas poéticas sino ejecutarlas”
(Internacional Situacionista)

Por ello es necesario la practica ajena a la política, la anti-política, la que va dando una muestra de un “hacer” las cosas de forma distinta, de una irrupción de creación sobre lo cosificado. Es la manifestación practica como reflexión y acción sobre las relaciones mercantiles, cuestión que es al mismo tiempo critica ideológica en tanto (semi)comprensión practica de la totalidad capitalista (o más bien su grado densificado de comprensión practica). Es un arte, un modo de destruir la política del capital, la separación, la mercancía…en el fondo; todo aquello que nos disgrega para realizar nuestros potenciales. Un hacer que requiere los mas sutiles y brutales expresiones de nuestro ser. Un arte que debemos recuperar de la apropiacion del capital: “Última advertencia a los estudiantes de último año de Arte. De ustedes depende: ser ornamentadores bien o mal remunerados del espectáculo, o hacer un esfuerzo más hacia la superación del capital extendiendo la esfera del arte hacia todos los aspectos de la vida” (Tergiversación de un cartel dirigido hacia estudiantes en una Universidad santiaguina. Firmado por “Orgón”)
Es la capacidad de irrumpir dentro de lo cotidiano para sabotearlo y aun más, para proyectar con dicho sabotaje la posibilidad de copar los espacios mercantiles, para exponer su fragilidad, fragilidad que se materializa en el antagonismo cuando los proletarios que estudian empiezan a ocupar lo saturado por las relaciones del capital, su sentido de existencia, con relaciones ajenas a las establecidas. La belleza de un sabotaje que aflora toda la putrefacción de la realidad del espectáculo pero que nos muestra a nuestra percepción y emoción radical, la dinamita lista para ser activada en conjunto y hacer volar por los aires lo podrido…floreciendo las ya no marchitas tendencias a la solidaridad y cooperación que por siglos se han mantenido como potencial debajo de la cloaca.

Todos somos todos..! 

“…afirmamos que revueltas que se desarrollan de esta manera (las llamadas “inconcientes”) están impulsadas por el rechazo humano a las condiciones de vida capitalistas. Sin hacernos ilusiones sobre su extensión o radicalidad (“ir a la raíz”), pero comprendiendo que el proletariado lucha de diferentes formas, a diversos niveles de abstracción frente a la toda la mierda del Capital. Y que nuestra clase existe”
(Mariposas del Caos)

Esperar que el movimiento estudiantil pueda ir mas allá de si, negarse y encontrar su propia identidad en los “conflictos separados”… es la cuestión necesaria para reunir lo falsamente separado y reconocer las problemáticas como problemáticas de clase y no como problema de “voluntades políticas”. Eso entendemos es el objetivo inmanente de cada conflicto. Veremos que ocurre este jueves. Solo esperar a que la creación subversiva, aquella que impone la comunidad humana, vaya unificándose…pues no será la “articulación” de los conflictos la que servirá de algo, sino su realización como un todo: cada antagonismo que da lugar a un conflicto que aparece de manera separada, en una esfera determinada, se devela como lo que es; lo mismo de lo otro. De ahí que las constantes negaciones de cada lucha serán negaciones de lo idéntico(el capital como esencia de la contradicción) en la totalidad (donde cada parte no suma, sino es diferente a la otra pero idéntica en su esencia, lo que le da dinámica)

Nota: Cuando hablamos de “comprensión crítica practica”, es porque aun no encontramos una palabra que no haga dicotomía de la palabra y la acción. Para nosotros no se comprende nada si no se practica aquello que se dice comprender. Si digo que “comprendo como funciona el capitalismo” pero me quedo en la casa, entonces solo tengo saber. Ahí debemos afilar mejor las palabras…

# pequeño borrador N.A.C…esperando a ser mejorador pero colgado a proposito de la coyuntura…
# 10 de Octubre de 2012, Chile.

La emergencia del (no-)sujeto (Blaumachen – grecia)

por  Blaumachen

Sin nombre
“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del ‘encapuchismo’. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a este fantasma: El primer ministro británico David Cameron y la Secretaria General[1] Aleka Papariga, el ministro italiano de la Secretaría de Gobernación Roberto Maroni, Adonis[2] y Takis Fotopoulos, italianos COBAS y policías alemanes”.

Del rioter.info

 

 

El domingo 12 de febrero fue uno de aquellos momentos históricos en los que las contradicciones de una sociedad capitalista se encuentran en el tiempo y el espacio, estallan explosivamente y generan una nueva realidad. Es decir, la lucha de clases actualiza su dinámica y la nueva dinámica constituye al mismo tiempo el nuevo límite inherente que tiene que superarse. Lo más importante no es el acontecimiento en sí mismo (ningún acontecimiento de por sí tiene importancia determinante desde la perspectiva de la revolución), sino su inscripción en el proceso histórico de la emergencia del (no-)sujeto producida en la coyuntura actual.

Ese domingo era esperado por todos, contrario con lo de diciembre de 2008. Durante los últimos meses en toda Europa se esperaba ya el estallido que correspondía a la situación en Grecia. Se consideraba como la crónica de una muerte anunciada y, después de muchas maniobras políticas, el día 12 de febrero (la ironía de la historia funcionó perfectamente[3]) se anunció en los medios de comunicación bajo el título “aprobación de la memoranda 2”. Nadie hizo algo para detener su llegada, nadie podría hacer algo, por mucho que algunos quisieran, como indica el texto de un nuevo “amigo irreconciliable” de los “Gavroches”[4]. Este estallido obtuvo las características de la época transitoria en la que estamos, la “época de los disturbios”; su contenido fue el resultado del impasse en el cual se encuentra la articulación del capital a nivel global hoy en día y, asimismo, intensificó este impasse (Grecia constituye la expresión condensada de la intensificación de dicho impasse).

Cada acontecimiento importante de la lucha de clases está inmerso en el conjunto de las contradicciones históricamente determinadas del presente de una sociedad capitalista y se presenta siempre en una forma específica, fetichizada y múltiplemente mediada[5]. En el momento actual, en Grecia, en gran medida debido a su muy importante historia política reciente, el conflicto emerge en todos los niveles como conflicto político (en pleno contraste por ejemplo con el agosto de 2011 en Londres, mientras la época de los disturbios no puede ser nada más que concretizada en particularidades locales -históricas- de las formaciones sociales). El anuncio por el Estado del estallido inminente (o del primero de una “cadena” de estallidos) fue una declaración política y en este sentido ha sido simultáneamente su integración, como estallido necesario, en la reproducción de la sociedad capitalista. Se trata de una integración disciplinaria, represiva, una integración que se produce en el contexto del estado específico de emergencia. Se trata de una “integración a través de la exclusión”. El Estado después de los hechos y el retorno a la normalidad, es decir después de su victoria, se obliga a fingir que algunas prácticas de los “encapuchados” son criminales a fin de manejar temporalmente el inevitable impacto de los hechos. El discurso del Estado es totalizante, impide todas las opiniones diferentes: Nadie puede estar (o decir que está) al lado de los “encapuchados”, mucho menos que es uno de ellos y reclamar públicamente al Estado por los hechos del domingo.

No podría faltar la “resistencia en contra de la memoranda”, como se llamó cariñosamente la situación, y la presencia del límite actual del sindicalismo. La huelga general de 48 horas fue realmente grandiosa mientras reveló en todo su esplendor la muerte definitiva del movimiento obrero: nadie le hizo caso, ni ellos que cosechan cuota de plusvalía (plusvalía verdadera, ganancia capitalista) a través de su negocio, los cuales como una actividad secundaria (hasta ahora oficialmente reconocida) tienen la declaración de huelga de vez en cuando. A pesar de que los sindicalistas de las organizaciones terciarias siguen siendo de forma exclusiva socialmente legitimados para convocar a huelgas generales, no están en ningún lado, no existen, ya que han sido informados de antemano que el sindicalismo es pasado y están buscando otro negocio (tal vez una buena oportunidad de inversión, aunque de alto riesgo, pueda ser el seguro social de las manifestaciones, ya que los organizadores tendrán que pagar el costo de los daños causados). El hecho de que el movimiento obrero no puede ser incluido ya en las formas y las prácticas de un enfrentamiento durante el cual está en juego la propia existencia del salario básico es indicativo de la medida en que la reivindicación salarial está puesta fuera de la reproducción del capital. Al mismo tiempo, este carácter no oficialmente laboral del movimiento proletario es un elemento importante para el encuentro del impasse de la luchas reivindicativas con el proceso emergente de la abolición de la sociedad capitalista. Se trata de un encuentro de ruptura, de un proceso de producción histórica.

El domingo, la presencia de la gente fue masiva y la composición tanto de los “encapuchados” como de todos los manifestantes fue interclasista. Un hecho que se expresó con la participación masiva en los enfrentamientos con la policía y su aceptación casi universal. Nadie, pero nadie, (ni su órgano sindicalista) fue a apoyar a los policías esa tarde en la plaza Sintagma por su papel. Esta vez no estuvieron presentes pacificadores del movimiento como lo hicieron el verano pasado. El único que los apoyó fue el representante del partido del Orden[6], aspirante a primer ministro. La policía, en términos generales, es siempre la clase capitalista en posición de combate frente al proletariado. Sin embargo, específicamente en la coyuntura actual, constituye la expresión material de una estrategia particular del capital dentro de la formación social griega: para que se imponga la segunda fase de la reestructuración, el Estado griego debe perder su autonomía, incorporarse ya orgánicamente en una coalición más amplia y degradarse en la jerarquía interna con todas las consecuencias que esto implica para las competencias capitalistas y el destino de los estratos pequeñoburgueses. El ataque a la policía es evidentemente un paso necesario de ruptura para la superación de los límites de las prácticas del “diálogo” con el Estado sobre la negociación por el precio de la fuerza de trabajo y por todos los “derechos”. En dicha coyuntura, no obstante, se puede expresar también, entre otras cosas, el conflicto interno entre los estratos pequeñoburgueses y el Estado que los aplasta. Así como lo manifestó Egipto en 2011, el ataque a las fuerzas represivas del Estado no significa un cuestionamiento directo a la comunidad más significante capitalista, la nación[7], menos al dios verdadero, el dinero y la propiedad. Por lo tanto, muchos de los ex o recién “indignados” participaron en los enfrentamientos y en muchas ocasiones las prácticas combativas se combinaban con el respeto a “las propiedades de la gente” y con groserías a los policías como “traidores”, “guarda-alemanes” o “turcos”, los cuales “deberían estar con nosotros y no en contra”. Este domingo, incluso en los escenarios de los enfrentamientos y particularmente por la participación masiva inédita, no podría tener otro carácter que “nacional-popular” necesariamente producido en todo este periodo por la lucha contra la austeridad.

Además de la participación interclasista, condición necesaria para el enfrentamiento masivo con la policía y el apoyo amplio de dicho enfrentamiento, un elemento significativo del domingo, por el cual el Estado y todos los defensores de la Cultura[8] se enrabiaron, fue el saqueo y a continuación el incendio de negocios y varios edificios. Dicha práctica, surgida a gran escala durante el diciembre de 2008, volvió a emerger después del retroceso impuesto por el incidente de Marfin[9] en mayo de 2010, mientras la lucha de clases es una reacción en cadena, ella misma constituye la dinámica de sí misma. Además, los incendios de edificios fueron resultado de la forma política específica que predomina en la lucha de clases en Grecia. Por un lado, la policía tenía que proteger agresivamente al parlamento y empujar a la gente a las calles de alrededor. Por el otro, el peso de la historia política no permite al Estado griego aumentar más el nivel de la represión y tomar abiertamente una forma dictatorial (banks or tanks), incluso ahora que la situación de emergencia es tan grave. En todo el periodo del capitalismo reestructurado (en Grecia comenzó aproximadamente en 1996) la transformación de la policía en ejército de ocupación en el ámbito urbano es un elemento clave que ha permitido que el Estado se mantenga democrático mientras reprime brutalmente las partes activas del proletariado. Durante la década de 2000, los tradicionales madrazos empezaron a ser imposibles pues las minorías dinámicas que luchaban en las calles no tenían los medios para confrontar a la policía, organizada cada vez más militarmente. Por lo tanto, con el movimiento estudiantil de 2006-2007, la rabia del proletariado precario reprimido por la policía se canalizó a los edificios de Atenas; en 2008 cada empresario se dio cuenta que tenía que aumentar los gastos para la seguridad de su propiedad por las invasiones de las clases peligrosas. Al principio del periodo de las memorandas, el encuentro de dichas prácticas con uno de los últimos relámpagos del movimiento sindicalista resultó en el incidente de Marfin. Durante casi un año, la violencia social se marginalizó y fue reprimida por todas las formaciones políticas. Sin embargo, en el movimiento interclasista de las plazas, el tema de la violencia re-emerge como una contradicción interna del movimiento; mientras el nuevo giro de las medidas de austeridad era más duro, las “prácticas de los disturbios” rodeaban a las plazas con su punto culminante el 28 y 29 de junio de 2011. Desde entonces empezó a ser más claro que cada vez tendía a involucrarse mayor parte de la población en los enfrentamientos con la policía.

La parte del proletariado que incendia y saquea constituye un producto del periodo neoliberal que, específicamente en su último tiempo, llevó a la crisis. Todos aquellos que en noviembre de 2005 hablaban de hechos socialmente marginales en Francia, en marzo de 2006 hablaban sobre “los desmadrosos que atacan en las marchas estudiantiles”, en diciembre de 2008 sobre “una revuelta metropolitana de las que ocurren frecuentemente pero se apagan como cohetes y lo importante es ver qué hace el movimiento obrero”, todos ellos empezaron a angustiarse cuando en agosto de 2011 estalló Londres. Esta parte del proletariado no puede detener desde adentro el proceso productivo (por lo menos no todavía), por lo tanto actúa en el nivel de la circulación de la mercancías y los servicios. El (no-)sujeto emergente es simultáneamente sujeto y no-sujeto, a causa de la relación históricamente determinada entre la integración y la exclusión del proceso de la producción de valor. El tema esencial no es si se produce en términos cuantitativos el aumento del lumpenproletariado, sino el hecho de que se produce el aumento de la lumpenización del proletariado – una lumpenización que sin embargo se presenta como externalidad respecto al mundo del trabajo asalariado y al mismo tiempo como elemento determinante de su definición. La precarización, el “dentro-fuera”, producen un (no-)sujeto de (no-)excluidos, mientras la integración tiende a ocurrir cada vez más a través de la exclusión, principalmente, para los jóvenes. Se trata de una dinámica, un movimiento que se renueva continuamente. No nos referimos sólo a la exclusión radical de la relación asalariada; más bien nos referimos a la exclusión de lo que se considera trabajo “normal”, salario “normal”, supervivencia “normal”. En un ambiente de producción de población excedente y de ataque violento al valor históricamente definido de la fuerza de trabajo, el tan esperado “sujeto” pierde el suelo bajo sus pies. No hay “sujeto” sin que se haya dado la “objetividad” que le permite vivir como sujeto. En la crisis del capitalismo reestructurado se pierde el suelo (el anclaje a la relación asalariada) junto con el oxígeno (la posibilidad de exigir el mejoramiento de la condiciones de vida). Los que ya se encuentran atrapados en el continuum precariedad/exclusión invaden un movimiento que todavía tiende a invocar un trabajo “normal” y un salario “normal”; y la invasión del (no-)sujeto es exitosa porque este movimiento ya fue invadido por el bombardeo continuo del capital al trabajo y al salario “normales”. Toda esta situación produce prácticas destructivas como una escisión al interior del movimiento del proletariado y presiona al capital para intensificar la dimensión represiva de su reproducción como relación y seguir tratando de aumentar la tasa de explotación más y más violentamente.

Con las prácticas del domingo (las prácticas de los disturbios) dichas partes del proletariado se convierten, dentro de la reproducción de la sociedad capitalista, en factor de intensificación de la crisis. El papel del (no-)sujeto refleja la revolución que se produce en este ciclo histórico de luchas, la cual consiste en la abolición de todas las mediaciones del valor, es decir, de todas las relaciones sociales contemporáneas y no en la toma del poder por los trabajadores. El horizonte de la revolución (de este periodo) no es un programa revolucionario que espera la emergencia de un “sujeto” el cual inevitablemente jugará el papel central. Los trabajadores productivos, a pesar de su papel particular, no se producen en este ciclo de luchas como el sujeto -separado de las demás partes- de la revolución que va a dirigir el proceso de la transformación de la sociedad capitalista en una “sociedad de trabajo”; el asunto central de la revolución no será la “gestión de la producción”. En el futuro, las prácticas destructivas que emergen hoy en día encontrarán su límite en su propia reproducción y no podrán seguir refiriéndose sólo a la destrucción del capital constante como “pérdida” ni al sabotaje temporal. Para la continuación de la vida durante la lucha, las prácticas tendrán que transformarse y cuestionar la existencia de los medios de producción como medios de producción de valor. Dicho cuestionamiento no será un proceso monolítico hacia una tal “victoria”, sino conllevará en su interior todos aquellos conflictos que producirán, como rupturas, la abolición de la distinción entre producción y reproducción, o sea la abolición del valor y junto a ella la abolición de todas las relaciones del capital. Por el momento, en la crisis del capitalismo reestructurado, el (no-)sujeto ya se vuelve en fuerza activa, emerge continuamente y sus prácticas tienden a coexistir “antagónicamente” con las prácticas reivindicativas; asimismo las prácticas reivindicativas tienden a “imitar” las prácticas de los disturbios; estas últimas inevitablemente magnetizan a las primeras mientras el “diálogo social” se ha caído.

En septiembre de 2011 habíamos escrito sobre la coyuntura de ese momento: “Lo importante en los acontecimientos futuros, como crisis e intensificación de la lucha de clases, es el despliegue de la relación entre la especie de las prácticas en Inglaterra [agosto de 2011] y las prácticas de los ‘indignados’. Dicha relación toma una centralidad importante debido a la fluidez entre los dos sujetos formados (el desempleo está en el centro de la relación asalariada). La delineación de un nuevo límite (policía, el pertenecer a la clase como coerción externa) conduce a una nueva configuración a la cual nos intentamos acercar con el término ‘disturbios’. Los ‘disturbios’ rodean a los movimientos de los ‘indignados’, los invaden y finalmente los penetran produciendo escisiones en las prácticas de dichos movimientos (una primera manifestación de este hecho son las protestas de los días 28 y 29 de junio en Grecia). La dialéctica de dicha escisión trabaja fervorosamente…”. El domingo constituye una superación en la medida de que dichas prácticas han convergido, se han enfrentado cara a cara en acción. El encuentro de estas prácticas es resultado de la dinámica que produce la penetración mutua entre los “indignados”, los “pequeñoburgueses proletarizados”, los funcionarios y los jóvenes precarios/desempleados.  El movimiento dialéctico de las prácticas ya está en proceso. Pero dicha dialéctica no se desarrollará en vacuum; ella misma está inmersa en la dinámica entera de la lucha de clases: “El salario de los 400 euros no tiene nada que ver ni con los recortes de la ganancia de las farmacias, ni con los recortes de los beneficios de empresas públicas y bancos, ni con los recortes de las pensiones, ni con la apertura de las profesiones cerradas, ni con nada de las cosas que conducen a los sindicalistas y los trabajadores a ocupaciones, manifestaciones, huelgas indefinidas. Cuando todos los anteriores lleguen a los límites que ellos mismos proclaman, entonces ¿que harán precisamente aquéllos que obviamente no tienen ninguna esperanza de sobrevivir? Como los chavos de los barrios degradados que frecuentan los centros deportivos pertenecientes a los magnates navieros que libran impuestos odian el centro de Atenas y sus luces bonitas. Los jóvenes desempleados de la Capital están desesperados y dispuestos a no aceptar en ellos la lepra del margen social. Les hablamos de solidaridad. Chingaderas. Nadie sacrifica ni el mínimo […] para que los veinteañeros de Grecia puedan tener unos pocos euros más”[10]. Las prácticas pertenecen a sujetos, fluidos y continuamente reconfigurados,  formados por la misma lucha de clases hoy en día. En la coyuntura de cada crisis, donde la ganancia realizada no es suficiente para dar vida a la inmensa masa de trabajo pasado cristalizado, el proletariado, dentro del proceso de su aplastamiento, se fragmenta aún más. Sin embargo, en la coyuntura actual, en cuyo núcleo se encuentra la expulsión de la luchas reivindicativas por la reproducción del capital – dinámica que constituía un elemento esencial del periodo anterior – la dinámica de la crisis se convierte ya en dinámica de crisis de la relación asalariada en sí. Mientras se implementa la segunda fase de la reestructuración y el trabajo informal se vuelve tendencia que dirige la fuerza ciega del capital, ya no es nada fácil para el capital administrar la separación cualitativa, necesaria para su propia reproducción, entre los estratos “integrables” del proletariado y la población excedente. Dicha separación, la clasificación y ordenamiento de la fuerza de trabajo, es un elemento estructural de todos los periodos del capital. Sin embargo, en la actualidad emergen dos elementos cruciales: por un lado, la parte expulsada tiende a ser más y más grande prefigurando un momento en el que comprenderá una parte significativa de la población, y en segundo lugar, la distinción entre la inclusión y la exclusión es ahora totalmente contingente.

Cada predicción es peligrosa mientras la condensación del tiempo histórico conlleva el elemento de lo imprevisto y de la creación de múltiples rupturas. El giro trascendental hacia la “cuestión nacional” puesto como necesario para la reproducción de la estructuración actual del capital inscribe en la coyuntura la posibilidad de una contrarrevolución izquierdista “nacional” o fascistoide el cual, no obstante, no puede tener la estabilidad de los fascismos del pasado (integración nacional-socialista en la reproducción del capital dentro de los límites de una formación social nacional). Ésta se producirá, si es necesario, en el momento que llegará como la última medida desde el punto de vista del capital, el cual se obliga a funcionar en términos de “economía política de riesgo”. La apropiación de prácticas de disturbios y el estado de guerra continuamente reproducido, en cuyo contexto ya el proletariado está obligado a reivindicar cada tipo de demanda, junto con la compresión general de la población trabajadora/desempleada, todo jugará su papel en la dirección de qué tipo de prácticas se adaptarán por el (no-)sujeto de los (no-)excluidos. Lo único cierto es que el acontecimiento importante del domingo será sólo uno de una toda serie que prefigura ser densa y en las noches alumbrante.

blaumachen y amigos, febrero de 2012

Blaumachen would like to thank our dearest amiga Katerina for the translation!

 

Notas de pie

[1] Secretaria General del Partido Comunista Griego (KKE).

[2] Diputado del partido ultra-derechista LAOS, luego ministro de Comercio Marítimo bajo el gobierno de coalición de Papadimos.

[3] El día 12 de febrero es el aniversario del Acuerdo de Varkiza, con el cual comienza el fin de la guerra civil en 1945. El Partido Comunista firmó la orden de desarme de las guerrillas comunistas, un acto que permitió su posterior masacre por el ejército estatal.

[4] El conocido político izquierdista, Alekos Alavanos, escribió: “Mientras los poderes de la izquierda permanecen alienados a la juventud, siempre y cuando el ‘derrocamiento’ sigue siendo un estereotipo agotado sin que se traduzca en un plan revolucionario y un conflicto político, dichos fenómenos continuarán emergiendo de manera cada vez más frecuente y difusa. Si Gavroche de Les Miserables estuviera anoche en la plaza Sintagma, no estaría en los bloques cerrados de la juventud partidaria; estaría incidiendo a bancos y salas de cine con sus amigos”. http://konserbokoyti.blogspot.com/2012/02/blog-post_2450.html.

[5] Véase también el texto “Sin ti, ni un solo engranaje se gira…”, http://libcom.org/library/without-you-not-single-cog-turns%E2%80%A6, donde hemos discutido la forma política en la cual se expresa en Grecia el conflicto entre prácticas de diferentes sectores del proletariado.

[6] El presidente del partido neoliberal-conservador Nueva Democracia, Antonis Samaras, declaró al día siguiente: “Estos desmadrosos deben saber que, cuando llegue el momento, les voy a sacar sus capuchas”.

[7] El concepto de la nación registra la unidad contradictoria de clases de cada sociedad capitalista dada. A través de sus aparatos ideológicos, el Estado transforma proporcionando legitimidad social a los intereses de clase del capital, presentándolos y poniéndolos a trabajar como intereses nacionales. Estado, nación y capital son facetas de un poder de clase único: el capitalismo.

[8] El incendio de la sala de cine Attikon, uno de los edificios históricos monumentales de Atenas, causó mucha indignación entre ellos.

[9] Cuando en el banco Marfin se lanzaron bombas incendiarias por manifestantes, tres trabajadores que habían sido obligados a trabajar con puertas cerradas en un día de huelga general, se murieron en el incendio.

[10] Cinema: Infierno, por Aggélika Psará, http://www.rednotebook.gr/details.php?id=4858 (en griego).

Afilando las palabras: “Capitalismo”

Extraido de RAP: Redes por la autonomía proletaria

“Todo el sistema de producción capitalista se funda en el hecho de que el trabajador debe vender su fuerza de trabajo como mercancía” (Karl Marx).

El CAPITALISMO es la organización social en que la Economía se autonomiza e impone a todos los otros aspectos y fines de la vida humana, poniéndolos al servicio de la producción de mercancías. Desde la disolución de la comunidad primitiva y el surgimiento de las clases sociales, el dinero y los poderes separados, hasta la imposición violenta y posterior generalización de la forma capitalista de la producción se ha recorrido un largo proceso histórico cuyo resultado final es la sociedad de clases más concentrada y con los más altos niveles de alienación de la historia (donde los seres humanos se encuentran separados de sí mismos, de la comunidad y del producto de su actividad). Desde el siglo XVI hasta nuestros días este sistema social ha llegado a todos los rincones del planeta poniendo absolutamente todo en venta y además haciéndonos creer que tal era nuestro destino, pues las cosas siempre han sido y seguirán siendo así.

Dado que en tanto mercancías no interesa para nada la utilidad real de las cosas por su capacidad de satisfacer necesidades reales, todo el sistema social capitalista está orientado a la acumulación eterna de valor. Por eso en todas las áreas de la vida cotidiana bajo el dominio del Capital se produce una pérdida de cualidad en aras del crecimiento de lo cuantitativo (mercancías, dinero, capital y una “inmensa acumulación de espectáculos”). Como en el capitalismo la actividad humana deviene trabajo asalariado, la humanidad tiende a dividirse en dos clases antagónicas: la de quienes compran y la de quienes venden fuerza de trabajo (burguesía y proletariado -este último, heredero de todas las clases explotadas de las épocas previas al capitalismo moderno-).

Para poder asegurar su dominio sobre toda la sociedad, la burguesía o clase capitalista tuvo que conquistar el poder político. Mediante el Estado (“monopolio de la decisión política” según la acertada definición del fascista Carl Schmitt), la democracia y la ideología dominante, este violento y extraño sistema social logra reproducirse a diario desde las bases más profundas de la subjetividad y la vida cotidiana.

El sentido del tiempo en el capitalismo es el del tiempo homogéneo y lineal de la producción de mercancías: bloques de tiempo vacío que son intercambiables entre sí, y que han perdido cualquier sustancia y cualidad porque “tiempo es dinero”. El primer lugar donde se impuso este tiempo fueron las “casas de trabajo” de Inglaterra en el siglo XVI, luego aplicadas en Holanda y otros países centrales, donde se encerraba y obligaba a los ex-campesinos a volverse proletarios y aceptar la disciplina de fábrica. No por nada estas instituciones fueron la raíz de las cárceles y establecimientos penitenciarios que la burguesía generalizó en los dos últimos siglos, y que desde el inicio han cumplido una función esencial como intimidación hacia la fuerza de trabajo “libre” y de disciplinamiento y/o reducción de los refractarios. El capitalismo inventó la cárcel, y lo carcelario está presente en todo el espacio social conquistado por la producción de mercancías.

Además de esta esencia carcelaria, la sociedad del capital tiene un sello mortuorio, lo cual no es de extrañar, pues el capital es, para Marx, una especie de vampiro que se alimenta de trabajo vivo convirtiéndolo en trabajo muerto. Donde se impone el capitalismo, todos pasamos a ser una especie de zombies, pues su verdadera gran novedad del consiste en poner toda la actividad humana al servicio del “trabajo muerto”. De ahí que el trabajo asalariado sea, bajo una fachada jurídica liberal, la forma moderna que adquiere la esclavitud.

Frente al capitalismo y su dominación total, la contestación comunista por parte del proletariado no puede sino ser también una negación total del capitalismo, la democracia, el Estado, las ideologías, separaciones, el espacio e incluso el sentido del tiempo lineal propio de la producción de mercancías. La revolución proletaria es diferente a todas las precedentes: no puede hacer uso del Estado,-pues con ello mantendría nuevas divisiones de clase- y tras eliminar la resistencia de la clase dominante vencida, procede a la disolución de todas las clases y de sí mismo. Por otra parte, toda negación parcial de algunos aspectos del capitalismo conduce a diversas formas de expresión del mismo (distintos roles del estado, carácter privado o burocrático de la clase dominante, predominio de tal o cual estado-nación, etc.), que en nada alteran su naturaleza esencial de sistema productor de mercancías y de acumulación de valor. Para la Crítica de la Economía Política, como teoría del proletariado, tales fenómenos coyunturales no son el centro de atención: lo esencial en este desarrollo es el paso de una fase de dominación formal a otra de dominación material, que triunfa cuando se logra “reemplazar todas las presuposiciones sociales y naturales pre-existentes con sus propias y particulares formas de organización que median la sumisión del conjunto de la vida física y social a las necesidades reales de la valorización” (Gianni Collu, “Transición”, Invariance Nº 8, 1969).

Tomado de Comunismo Difuso 2&3