Nueva revista: Revolución Hasta el Fin

Nota BV: Hace poco hallamos esta interezantísima iniciativa digna de compartir y difundir. Se trata de una revista de compañer@s de la región chilena, principalmente de caractér teórico, en la cual se compilan textos de las corrientes comunistas y anarquistas modernas, bastante afin a este sitio (para que se hagan una idea).

Revolucion-hasta-el-fin-0_Page_01Contenido:
Presentación R.h.f.
Revoluciones a medias/
Revolución hasta el Fín
Dictadura anti-estatal del
proletariado. Malatesta/Der
Syndicalist/R. Vaneigem.
-Laín Díez, Prefacio a
“Lenin filósofo” (de A.
Pannekoek).
Contracriminalística y
chanchología aplicada: de la
CNI a la ANI.
Dossier Lucha de Clases en
Chile: 1973 Introducción y tres
textos (Pointblank! /VOP/ correo
proletario).
-Comentarios breves:
/La trampa, Victor Cofré
/36+68=1000, textos del M.I.L.
/The housing monster., prole.info

Presetación:

Presentamos los siguientes materiales que desde ya hace un tiempo y con una exagerada intermitencia hemos ido reuniendo con el fin de publicarlos. Tanto en su búsqueda como en el proceso de ello hemos ido proponiendo distintas discusiones que la orden del día nos va presentando y este boletín es el medio practico para ello. Nos proponemos hacer material ciertas discusiones que resultan cruciales a la hora de plantear nuestras luchas y darles proyección.

La falta de análisis compañerxs y de canales de comunicación que nutran de manera efectiva el andar del movimiento revolucionario, de transformar la riqueza de la experiencia de la lucha en posiciones claras y en discusiones que nos lleven al avance es lo que nos hace asumir como primera necesidad y de manera impostergable la publicación de este tipo de material (que muchas veces puede ser acusado de “teoricista”).

En el presente numero les presentamos tanto ciertos materiales históricos que en algún momento habían sido re difundidos en la red, enfocándonos en principio en la desmitificación de los distintos conceptos esenciales dentro de la crítica revolucionaria que la historia de la socialdemocracia y el leninismo de todos los colores se apropió vaciándoles todo su contenido, como algunos de los textos que publicamos también virtualmente el pasado septiembre a mención del 40 aniversario del golpe de estado en esta región. Aunque la idea es ir aportando con críticas y aportes desde nuestras discusiones presentamos este número como puntapié a estas y a los aportes con los que ustedes puedan ayudarnos.

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Algunas apreciaciones sobre anarquismos y marxismos de Guy Debord (La Sociedad del Espectáculo)

Estas son algunas apreciaciones de Debord tomadas de La sociedad del Espectáculo, del capítulo IV: El proletariado como sujeto y como representación, capítulo que “retoma el movimiento histórico precedente (siempre yendo de lo abstracto a lo concreto), como historia del movimiento revolucionario. Es una síntesis del fracaso de la revolución proletaria y de su retorno, y desemboca en la cuestión de la organización revolucionaria.” (en palabras de punkfreejazzdub). Es cierto que la coherencia de la crítica unitaria de Debord y la Internacional Situacionista halla aquella coherencia unitaria en la todalidad de su crítica y no en parcialidades, o sea, se hace  defícil darle crédito solo a unas tésis de la Sociedad del Espectáculo mientras no se reconozca que esta tiene sentido en tanto halla su coherencia en  conjunto con los demás postulados del autor; quiero decir que se hace una lectura pobre de la Sociedad… si se comprende solo una pequeña parte de las tesis.

Pero aún así, y a riesgo de perder aquella coherencia unitaria de la crítica que caracteriza a este título, especialmente a este capítulo (que consideramos el de mayor importancia del libro), tomamos algunas tesis sobre anarquismos y marxismos que Debord aborda de forma crítica y que nosotros, al separarlas de su contenido original, las convertimos quizá en notas dispersas y malogradas, pero todavía validaz, ya que contienen en esencia aquella crítica unitaria y radical sobre los aspectos a superar de las expresiones del movimiento proletario del pasado, para estirpar de él lo que aún subsistía de ideológico y convertirlo en verdadera teoría revolucionaria. Como dice la tesis 124: “Toda teoría revolucionaria es ahora enemiga de toda ideología revolucionaria y sabe que lo es”

Para quién no esté familiarizado con la lectura de Debord ni los situacionistas, La Sociedad del Espectáculo está compuesta de 221 tesis repartidas en 9 capítulos, así que el número que verán sobre cada “nota” corresponde a la numeración de la tesis. Hay saltos entre la numeración porque hacemos una suerte de selección de las tesis tomando solo las que creemos más necesarios para referirnos de manera crítica los movimientos proletarios contrapuetos de aquellas épocas pasadas.

La cuestión dice así:

91

Los primeros éxitos de la lucha de la Internacional la llevaban a liberarse de las influencias confusas de la ideología dominante que subsistían en ella. Pero la derrota y la represión que pronto halló hicieron pasar al primer plano un conflicto entre dos concepciones de la revolución proletaria que contienen ambas una dimensión autoritaria para la cual la auto-emancipación consciente de la clase es abandonada. En efecto, la querella que llegó a ser irreconciliable entre los marxistas y los bakuninistas era doble, tratando a la vez sobre el poder en la sociedad revolucionaria y sobre la organización presente del movimiento, y al pasar de uno a otro de estos aspectos, la posición de los adversarios se invierte. Bakunin combatía la ilusión de una abolición de las clases por el uso autoritario del poder estatal, previendo la reconstitución de una clase dominante burocrática y la dictadura de los más sabios o de quienes fueran reputados como tales. Marx, que creía que una maduración inseparable de las contradicciones económicas y de la educación democrática de los obreros reduciría el papel de un Estado proletario a una simple fase de legislación de nuevas relaciones sociales objetivamente impuestas, denunciaba en Bakunin y sus partidarios el autoritarismo de una élite conspirativa que se había colocado deliberadamente por encima de la Internacional y concebía el extravagante designio de imponer a la sociedad la dictadura irresponsable de los más revolucionarios o de quienes se designasen a sí mismos como tales. Bakunin reclutaba efectivamente a sus partidarios sobre una perspectiva tal: “Pilotos invisibles en medio de la tempestad popular, nosotros debemos dirigirla, no por un poder ostensible sino por la dictadura colectiva de todos los aliados. Dictadura sin banda, sin título, sin derecho oficial, y tanto más poderosa cuanto que no tendrá ninguna de las apariencias del poder.” Así se enfrentaron dos ideologías de la revolución obrera conteniendo cada una una crítica parcialmente verdadera, pero perdiendo la unidad del pensamiento de la historia e instituyéndose ellas mismas en autoridades ideológicas. Organizaciones poderosas, como la social-democracia alemana y la Federación Anarquista Ibérica sirvieron fielmente a una u otra de estas ideologías; y en todas partes el resultado ha sido enormemente diferente del que se deseaba.

92

El hecho de considerar la finalidad de la revolución proletaria como inmediatamente presente constituye a la vez la grandeza y la debilidad de la lucha anarquista real (ya que en sus variantes individualistas, las pretensiones del anarquismo resultan irrisorias). Del pensamiento histórico de las luchas de clases modernas el anarquismo colectivista retiene únicamente la conclusión, y su exigencia absoluta de esta conclusión se traduce igualmente en un desprecio deliberado del método. Así su crítica de la lucha política ha seguido siendo abstracta, mientras que su elección de la lucha económica sólo es afirmada en función de la ilusión de una solución definitiva arrancada de un solo golpe en este terreno, el día de la huelga general o de la insurrección. Los anarquistas tienen un ideal a realizar. El anarquismo es la negación todavía ideológica del Estado y de las clases, es decir, de las condiciones sociales mismas de la ideología separada. Es la ideología de la pura libertad que todo lo iguala y que aleja toda idea del mal histórico. Este punto de vista de la fusión de todas las exigencias parciales ha dado al anarquismo el mérito de representar el rechazo de las condiciones existentes para el conjunto de la vida, y no alrededor de una especialización crítica privilegiada; pero siendo considerada esta fusión en lo absoluto según el capricho individual antes que en su realización efectiva ha condenado también al anarquismo a una incoherencia fácilmente constatable. El anarquismo no tiene más que repetir y poner en juego en cada lucha su misma y simple conclusión total, porque esta primera conclusión era identificada desde el origen con la culminación integral del movimiento. Bakunin podía pues escribir en 1873, al abandonar la Federación Jurasiana: “En los últimos nueve años se han desarrollado en el seno de la Internacional más ideas de las que serían necesarias para salvar el mundo, si las ideas solas pudieran salvarlo, y desafío a cualquiera a inventar una nueva. El tiempo ya no pertenece a las ideas, sino a los hechos y a los actos.” Sin duda esta concepción conserva del pensamiento histórico del proletariado esta certeza de que las ideas deben llegar a ser prácticas, pero abandona el terreno histórico suponiendo que las formas adecuadas de este paso a la práctica están ya encontradas y no variarán más.

93

Los anarquistas, que se distinguen explícitamente del conjunto del movimiento obrero por su convicción ideológica, van a reproducir entre ellos esta separación de competencias, proporcionando un terreno favorable a la dominación informal sobre toda organización anarquista de los propagandistas y defensores de su propia ideología, especialistas tanto más mediocres cuanto que por regla general su actividad intelectual se propone principalmente la repetición de algunas verdades definitivas. El respeto ideológico de la unanimidad en la decisión ha favorecido más bien la autoridad incontrolada en la organización misma de especialistas de la libertad; y el anarquismo revolucionario espera del pueblo liberado el mismo tipo de unanimidad, obtenida por los mismos medios. Por otra parte, el rechazo a considerar la oposición de las condiciones entre una minoría agrupada en la lucha actual y la sociedad de los individuos libres ha alimentado una permanente separación de los anarquistas en el momento de la decisión común, como lo muestra el ejemplo de una infinidad de insurrecciones anarquistas en España, limitadas y aplastadas en un plano local.

94

La ilusión sostenida más o menos explícitamente en el anarquismo auténtico es la inminencia permanente de una revolución que deberá dar razón a la ideología y al modo de organización práctica derivado de la ideología, llevándose a término instantáneamente. El anarquismo ha conducido realmente, en 1936, una revolución social y el esbozo más avanzado que ha existido de un poder proletario. En esta circunstancia todavía hay que hacer notar, por una parte, que la señal de insurrección general fue impuesta por el pronunciamiento del ejército. Por otra parte, en la medida en que esta revolución no había sido concluida en los primeros días, por el hecho de la existencia de un poder franquista en la mitad del país, apoyado fuertemente por el extranjero mientras que el resto del movimiento proletario internacional ya estaba vencido, y por el hecho de la supervivencia de fuerzas burguesas o de otros partidos obreros estatistas en el campo de la República, el movimiento anarquista organizado se ha mostrado incapaz de extender las semi-victorias de la revolución e incluso de defenderlas. Sus jefes reconocidos han llegado a ser ministros y rehenes del Estado burgués que destruía la revolución para perder la guerra civil.

98

Lenin no ha sido, como pensador marxista, sino el kautskista fiel y consecuente que aplicaba la ideología revolucionaria de este “marxismo ortodoxo” en las condiciones rusas, condiciones que no permitían la práctica reformista que la II Internacional llevaba consigo en contrapartida. La dirección exterior del proletariado, actuando por medio de un partido clandestino disciplinado, sometido a los intelectuales convertidos en “revolucionarios profesionales”, constituye aquí una profesión que no quiere pactar con ninguna profesión dirigente de la sociedad capitalista (el régimen político zarista era por otra parte incapaz de ofrecer tal apertura que se basa en un estado avanzado del poder de la burguesía). Se convierte pues en la profesión de la dirección absoluta de la sociedad.

99

El radicalismo ideológico autoritario de los bolcheviques se desplegó a escala mundial con la guerra y el hundimiento ante ella de la socialdemocracia internacional. El sangriento final de las ilusiones democráticas del movimiento obrero había hecho del mundo entero una Rusia, y el bolchevismo, reinando sobre la primera ruptura revolucionaria que había traído consigo esta época de crisis, ofrecía al proletariado de todos los países su modelo jerárquico e ideológico para “hablar en ruso” a la clase dominante. Lenin no reprochó al marxismo de la II Internacional ser una ideología revolucionaria, sino haber dejado de serlo.

100

El mismo momento histórico en que el bolchevismo ha triunfado por sí mismo en Rusia y la social-democracia ha combatido victoriosamente por el viejo mundo marca el nacimiento acabado de un orden de cosas que es el centro de la dominación del espectáculo moderno: la representación obrera se ha opuesto radicalmente a la clase.

102

La organización del proletariado sobre el modelo bolchevique, que había nacido del atraso ruso y de la capitulación del movimiento obrero de los países avanzados ante la lucha revolucionaria, encontró también en el atraso ruso todas las condiciones que llevaban esta forma de organización hacia la inversión contrarrevolucionaria que contenía inconscientemente en su germen original; y la capitulación reiterada de la masa del movimiento obrero europeo ante el Hic Rhodus, hic salta del período 1918-1920, capitulación que incluía la destrucción violenta de su minoría radical, favoreció el desarrollo completo del proceso y permitió que el falaz resultado se afirmara ante el mundo como la única solución proletaria. La apropiación del monopolio estático de la representación y de la defensa del poder de los obreros, que justificó al partido bolchevique, le hizo llegar a ser lo que ya era: el partido de los propietarios del proletario, eliminando en lo esencial las formas precedentes de propiedad.

104

Al permanecer la burocracia como única propietaria de un capitalismo de Estado trató primero de asegurar su poder en el interior mediante una alianza temporal con el campesinado, después de Cronstadt, y con la “nueva política económica”, tal y como la defendió en el exterior utilizando a los obreros regimentados en los partidos burocráticos de la III Internacional como fuerza de apoyo de la diplomacia rusa, para sabotear todo movimiento revolucionario y sostener gobiernos burgueses con cuyo apoyo contaba en política internacional (el poder de Kuo-Min-Tang en la China de 1925-27, el Frente Popular en España y en Francia, etc.). Pero la sociedad burocrática debía proseguir su propia culminación mediante el terror ejercido sobre el campesinado para realizar la acumulación capitalista primitiva más brutal de la historia. Esta industrialización de la época estalinista revela la realidad última de la burocracia: es la continuación del poder de la economía, el salvamiento de lo esencial de la sociedad mercantil mediante el mantenimiento del trabajo-mercancía. Es la prueba de la economía independiente que domina la sociedad hasta el punto de recrear para sus propios fines la dominación de clase que le es necesaria: lo que equivale a decir que la burguesía ha creado un poder autónomo que, mientras subsista esta autonomía, puede hasta llegar a prescindir de la burguesía. La burocracia totalitaria no es “la última clase propietaria de la historia” en el sentido de Bruno Rizzi, sino solamente una clase dominante de sustitución para la economía mercantil. La propiedad privada del capitalismo decadente es reemplazada por un sub-producto simplificado, menos diversificado, concentrado en propiedad colectiva de la clase burocrática. Esta forma subdesarrollada de clase dominante es también la expresión del subdesarrollo económico; y no tiene otra perspectiva que superar el retraso de este desarrollo en ciertas regiones del mundo. El partido obrero, organizado según el modelo burgués de la separación, ha proporcionado el cuadro jerárquico-estatal a esta edición suplementaria de la clase dominante. Anton Ciliga anotaba en una prisión de Stalin que “las cuestiones técnicas de organización resultaban ser cuestiones sociales” (Lenin y la revolución).

105

La ideología revolucionaria, la coherencia de lo separado de la que el leninismo constituye el más alto esfuerzo voluntarista, que detenta la gestión de una realidad que la rechaza, con el stalinismo reencontrará su verdad en la incoherencia. En este momento la ideología ya no es un arma, sino un fin. La mentira que ya no es contradicha se convierte en locura. Tanto la realidad como el fin son disueltos en la proclamación ideológica totalitaria: todo lo que ella dice es todo lo que es. Es un primitivismo local del espectáculo, cuyo papel es sin embargo esencial en el desarrollo del espectáculo mundial. La ideología que aquí se materializa no ha transformado económicamente el mundo, como el capitalismo que ha alcanzado el estadio de la abundancia; solo ha transformado políticamente la percepción.

110

Cuando la burocracia rusa logró por fin deshacerse de las marcas de la propiedad burguesa que trababan su reino sobre la economía al desarrollar ésta para su propio uso y ser reconocida en el exterior entre las grandes potencias, quiso gozar tranquilamente de su propio mundo suprimiendo esta parte de arbitrariedad que se ejercía sobre ella misma: denunció el estalinismo de su origen. Pero tal denuncia sigue siendo estalinista, arbitraria, inexplicada e incesantemente corregida, pues la mentira ideológica de su origen no puede jamás revelarse. Así la burocracia no puede liberarse ni cultural ni políticamente porque su existencia como clase depende de su monopolio ideológico que, con todo su peso, es su único título de propiedad. La ideología ha perdido ciertamente la pasión de su afirmación positiva, pero lo que de ella subsiste de trivialidad indiferente tiene todavía esta función represiva de prohibir la menor concurrencia, de tener cautiva la totalidad del pensamiento. La burocracia está así ligada a una ideología que ya no es creída por nadie. Lo que era terrorista se ha vuelto irrisorio, pero esta misma irrisión no puede mantenerse si no es conservando en segundo plano el terrorismo del que hubiera querido deshacerse. Así, al mismo tiempo que la burocracia quiere demostrar su superioridad en el terreno del capitalismo se reconoce como pariente pobre del capitalismo. De la misma forma que su historia efectiva está en contradicción con su derecho y su ignorancia groseramente mantenida en contradicción con sus pretensiones científicas, su proyecto de rivalizar con la burguesía en la producción de una abundancia mercantil está entorpecido por el hecho de que tal abundancia lleva en sí misma su ideología implícita y surte normalmente una libertad indefinidamente extendida de falsas elecciones espectaculares, seudo-libertad que sigue siendo inconciliable con la ideología burocrática.

114

En este desarrollo complejo y terrible que ha arrastrado la época de las luchas de clases hacia nuevas condiciones el proletariado de los países industriales ha perdido completamente la afirmación de su perspectiva autónoma y, en último análisis, sus ilusiones, pero no su ser. No ha sido suprimido. Mora irreductiblemente existiendo en la alienación intensificada del capitalismo moderno: es la inmensa mayoría de trabajadores que han perdido todo el poder sobre el empleo de sus vidas y que, los que lo saben, se redefinen como proletariado, el negativo del obrero en esta sociedad. Este proletariado es reforzado objetivamente por el movimiento de desaparición del campesinado así como por la extensión de la lógica del trabajo en la fábrica que se aplica a gran parte de los “servicios” y de las profesiones intelectuales. Este proletariado se halla todavía subjetivamentealejado de su conciencia práctica de clase, no sólo entre los empleados sino también entre los obreros que todavía no han descubierto más que la impotencia y la mistificación de la vieja política. Sin embargo, cuando el proletariado descubre que su propia fuerza exteriorizada contribuye al fortalecimiento permanente de la sociedad capitalista, ya no solamente bajo la forma de su trabajo, sino también bajo la forma de los sindicatos, los partidos o el poder estatal que él había construido para emanciparse, descubre también por la experiencia histórica concreta que él es la clase totalmente enemiga de toda exteriorización fijada y de toda especialización del poder. Es portador de la revolución que no puede dejar nada fuera de sí misma, la exigencia de la dominación permanente del presente sobre el pasado y la crítica total de la separación; y es aquí donde debe encontrar la forma adecuada en la acción. Ninguna mejora cuantitativa de su miseria, ninguna ilusión de integración jerárquica son un remedio durable contra su insatisfacción, porque el proletariado no puede reconocerse verídicamente en una injusticia particular que haya sufrido ni tampoco en la reparación de una injusticia particular, ni de un gran número de injusticias, sino solamente en la absoluta injusticia de ser arrojado al margen de la vida.

121

La organización revolucionaria no puede ser más que la crítica unitaria de la sociedad, es decir, una crítica que no pacta con ninguna forma de poder separado, en ningún lugar del mundo, y una crítica pronunciada globalmente contra todos los aspectos de la vida social alienada. En la lucha de la organización revolucionaria contra la sociedad de clases, las armas no son otra cosa que la esencia de los propios combatientes: la organización revolucionaria no puede reproducir en sí misma las condiciones de escisión y de jerarquía de la sociedad dominante. Debe luchar permanentemente contra su deformación en el espectáculo reinante. El único límite de la participación en la democracia total de la organización revolucionaria es el reconocimiento y la autoapropiación efectiva, por todos sus miembros, de la coherencia de su crítica, coherencia que debe probarse en la teoría crítica propiamente dicha y en la relación entre ésta y la actividad práctica.

124

La teoría revolucionaria es ahora enemiga de toda ideología revolucionaria y sabe que lo es.

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El proletariado como sujeto y como representación, capítulo íntegro (versión Archivo Situacionista Hispano).

La sociedad del espectáculo (traducción de Rodrigo Vicuña Navarro).

La Sociedad del Espectáculo, en 9 partes en youtube, Capítulo 4 a partir de parte 6, minuto 8:28.

Los revolucionarios situacionistas (Miquel Amorós)

                                                                                                Tomado de Metiendo Ruido

Yo conocí los escritos de la Internacional Situacionista en 1972, cuando su ciclo se cerraba y el mío en la Universidad de Valencia también. El folleto De la miseria en el medio estudiantil era lo más radical que había leído desde la epístola de Agustín García Calvo “De los modos de integración del pronunciamiento estudiantil.” Aquello era pensamiento ligado a la acción, y esta acción tenía por objeto nada menos que abolir la Universidad, el sagrado templo del saber separado, en el marco de un proyecto revolucionario más amplio, que perseguía el fin del capitalismo y de la sociedad de clases. El estilo marxista-hegeliano confería a los análisis una solidez teórica ausente en el medio anarquista, pero lejos de refutar las finalidades y tácticas libertarias, las confirmaba. Se podía decir que superaba la oposición entre marxismo y anarquismo sin acabar en una confusa amalgama de ambos, tal como hacia por ejemplo el justamente olvidado Rubel. Intenté aplicarlo en la medida de mis posibilidades en uno de esos grupos circunstanciales, de un solo curso, al que llamaban “Barricada.” La crítica situacionista se me aparecía como hecha para practicarse, no para contemplarse; alejada de la praxis perdía todo su valor. Se convertía en objeto de snobs, se estetizaba, se museificaba. Le pasaba como a los cuadros colgados de la pared: cualquiera podía opinar de ellos sin que la cosa tuviese trascendencia. Ahora que la I.S. es objeto de sesudos estudios universitarios hechos por profesores o por aprendices de historia o sociología, comprendemos la ironía de las derrotas históricas: el destino de las revoluciones fallidas son los anaqueles universitarios donde se amontonan las tesis doctorales y los museos donde los restos de sus obras se contemplan como cuadros. Ironía por partida doble, puesto que la revuelta de Mayo del 68 tenía como aperitivo el fin de la Universidad, no digamos ya el de los museos. La sociedad del espectáculo procesa los alimentos espirituales de esta forma, a fin de digerir aquellas ideas que en otro tiempo la mantuvieron en vilo. Ideas y hechos son separados radicalmente por especialistas en la materia, para poder hacer con unas y con otros lo que venga en gana, concluyendo inevitablemente que las ideas ya no sirven y los hechos no son repetibles, pues el mundo ha cambiado y las cosas ya no son lo que eran. Yo sostengo la tesis contraria: la sociedad es todavía lo que ha sido, y aún peor, por lo que las ideas que pudieron subvertirla en el pasado siguen activas y contienen elementos más que suficientes para subvertirla de nuevo. Sólo hay que saber usarlas. La letra podrá mejorarse, pero el espíritu de la I.S., su voluntad subversiva, es irrecuperable. Sus enemigos, el Capital y el Estado –Agustín G. C. decía que ambos eran lo mismo- no pueden servirse de él.

El nervio situacionista proviene de las antiguas vanguardias de posguerra (especialmente del Movimiento Letrista) que tomaron conciencia del carácter disolvente y revolucionario de la creación artística, y que trataron de conjugar la crítica de la estética burguesa con la revuelta contra los valores de la economía de mercado. No olvidemos la parte pionera que en todo ello corresponde al Surrealismo. La revista “Potlach” afirmaba seriamente que los letristas “trabajamos en el establecimiento consciente y colectivo de una nueva civilización”, misión que exigía “el trastorno definitivo de la estética y de todo comportamiento.” Constataban éstos el fracaso del arte en la renovación cultural y política, y, negando su función positiva, propugnaban la experimentación de un arte total que sirviera para modificar las conductas y reconstruir integralmente la vida de acuerdo con los deseos creativos. La Internacional Letrista constituye pues el prólogo de la I.S. El letrismo no era una escuela, sino un modo de vida, y proponía una manera peculiar de “saber vivir”: la unificación de la creación con la crítica revolucionaria. La creación era fundamental para la transformación social y suponía en primer lugar la superación del objeto y la abolición del arte. Creación quería decir creación global de la existencia, no mierda de artista, y el método letrista buscaba la reunificación del espacio social dividido por medio de un “urbanismo influencial”. La transformación social sería completa con la transformación del espacio-tiempo de la vida cotidiana según las pasiones emergidas, obtenida gracias a la “desviación” de medios artísticos convencionales para la “construcción de situaciones”, es decir, para la construcción deliberada de nuevos ambientes “que sean producto e instrumento de nuevos comportamientos.” Las pasiones que cambiarían el mundo saldrían de la vida cotidiana activada por una construcción superior del medio, y no como decían los surrealistas, del inconsciente. El arte quedaba visto para sentencia: “las artes del futuro serán trastornos de situaciones o nada.”

La Internacional Situacionista se creó en 1957 sobre la necesidad de un programa revolucionario en la cultura. Debord definió su tarea como “un trabajo colectivo organizado que tienda a un empleo unitario de todos los medios de subversión de la vida cotidiana”, oponiendo al modelo capitalista “otros modos de vida deseables” (Informe sobre la construcción de situaciones.) La finalidad era el asalto a la cultura y la instauración del comunismo, que para Asger Jorn no era más que “la obra de arte transformada en totalidad de la vida cotidiana” (Crítica de la economía política.) La I.S. pretendía la supresión del arte alienado en un mundo que prohibía la creación de la propia vida, colocándolo en la perspectiva de la construcción directa de nuevos ambientes. No hay arte situacionista, “la situación es lo contrario a la obra de arte.” Tampoco tiene que ver con el teatro callejero, el happening o la feria. Se trata más bien de un proyecto de agitación política, preludio de la revolución, que perseguía enfurecer a los proletarios mostrándoles el contraste entre una vida posible y la miseria presente. La idea situacionista de “proletario” podía expresarse así: proletario es aquél que no tiene posibilidad alguna de modificar el espacio y el tiempo sociales, sino tan sólo de consumirlo de una determinada manera definida por los dirigentes. La clase se definía en función de la expropiación de la decisión en lo relativo a la vida, y no solo al trabajo. La I.S. clamaba por la reinvención de la revolución social y la autorrealización del proletariado a través de la transformación integral de la vida cotidiana, o sea, a través de una auténtica revolución cultural. Nada que no se hubiera dicho en el periodo letrista. Pero la revolución cultural no servía sin la revolución social, y, al contrario, ésta no valía sin la revolución cultural. Ambas debían ir juntas: “cuando las masas intervienen bruscamente para hacer historia descubriendo de este modo su acción como experiencia directa y como fiesta, emprenden entonces una construcción consciente y colectiva de la vida cotidiana” (Debord y Canjuers, Preliminares por una definición de la unidad del programa revolucionario.) La reconstrucción libre de todos los momentos de la vida –la revolución- requeriría una organización nueva, que no podía ser una vanguardia cultural, y mucho menos un partido o un sindicato, mecanismos orgánicos de integración.

La Conferencia de Goteborg en agosto de 1961 constituye un punto de inflexión en la marcha de la I.S.: a partir de ella ésta se deshace de su lastre artístico y pasa a considerarse una organización revolucionaria. La crítica de la cultura se prolonga en crítica de la política y la revolución de la vida cotidiana se concreta como poder absoluto de los Consejos Obreros. Queda toda una teoría revolucionaria por formular de forma coherente, claro está, ligada a la práctica vital, que explique las luchas sociales de la época y vaya por delante. A ella consagrará la I.S. sus esfuerzos. Esa radicalización de su estrategia impedia cualquier veleidad artística, siquiera negativa, puesto que partia del abandono definitivo de la esfera de la cultura. Convencidos de la inexistencia de un área cultural autónoma desde donde emprender una acción revolucionaria, los situacionistas se plantearán llevar a cabo un intenso trabajo teórico inspirado en Hegel, Marx, Lukacs y Korsch, que rechazaba expresamente la concepción leninista, trabajo que pronto dará sus frutos como “pensamiento del derrumbe del mundo.” Su terreno de aplicación pasó a ser directamente el de la lucha de clases. La profundización de temas como la alienación y el fetichismo de la mercancía, dará lugar a conceptos clave como “ideología”, “miseria”, “separación”, “espectáculo”, “subjetividad radical” o “supervivencia”, con los que su crítica y su mensaje se harán dialécticos y superarán con creces los dogmas revolucionaristas, formas cosificadas del pensamiento a través de las que se manifestaba la falsa conciencia de las clases subalternas. Entre 1962 y 1967, la I.S. elabora un nuevo lenguaje revolucionario, el más idóneo para comprender la época y poder transformarla. Un lenguaje coherente para desenmascarar al Poder y a sus servidores que critica la burocracia y la ideología, que habla del fin de la mercancía y del trabajo asalariado, de la descolonización de la vida cotidiana y de la abolición de las clases, del proletariado como sujeto revolucionario, de la autogestión generalizada y del poder internacional de los Consejos Obreros. Un lenguaje palanca, al que le falta un punto de apoyo para mover el viejo mundo. Y este le fue proporcionado por el escándalo de Estrasburgo, donde la contestación radical de las estructuras académicas y del sindicalismo estudiantil pilló de sorpresa al orden establecido.

En julio de 1966, la Conferencia de París dotaba a la I.S. de una nueva plataforma organizativa, la “definición mínima de organización revolucionaria.” Al año siguiente los análisis situacionistas ya eran bastante conocidos por las minorías activas que pugnaban por el hundimiento de la dominación. Los situacionistas eran entonces casi los únicos que aludían al “segundo asalto del proletariado contra la sociedad de clases” como perspectiva realista en la que inscribir su actividad. Las huelgas salvajes de los trabajadores y la descomposición acelerada de la universidad eran signos anunciadores de la insurrección que se aproximaba. La teoría se volvía cada vez más práctica. Pronto las armas de la crítica cederían el sitio a la crítica de las armas. Los escasos efectivos de la I.S. la impelían a buscar aliados en cualquier parte con los que poder avanzar en esa dirección. Así encontraron a los Enragés, una banda constituida por irregulares -parte de los cuales eran estudiantes de Nanterre- empeñada en demoler la universidad impidiendo con originales métodos la normalidad de la vida académica. Su nombre era un homenaje a Jacques Roux, el mayor extremista de la Revolución Francesa. La ocupación del edificio administrativo de aquella universidad, el 22 de marzo de 1968, desencadenó un proceso que, de un enfrentamiento en otro con la policía, condujo a “la noche de las barricadas” del 10 de mayo. Tres días después nacía el Comité Enragés-Internationale Situationniste en la sala “Jules Bonnot” de la Sorbona ocupada. Riesel, uno de los Enragés, fue elegido delegado del Comité de Ocupación, desde donde llamó a la ocupación de las fábricas y a la creación de consejos obreros. La coincidencia en el tiempo de la radicalización de minorías estudiantiles desclasadas con el proceso autónomo de radicalización en las fábricas fue asombrosa. Diez millones de trabajadores se pusieron en movimiento al margen de los partidos y sindicatos que decían representarles en lo que se conoce como la mayor huelga salvaje de la historia. Los situacionistas se sumergirán de lleno en el movimiento y ocuparán el Instituto Nacional de Pedagogía, donde formarán con los Enragés y simpatizantes un Consejo por el Mantenimiento de las Ocupaciones. Por unos días el Poder caminó por el filo de la navaja ante la irresolución de los trabajadores, que no se decidían a derrocarlo. A finales de mayo se produjo la contraofensiva, primero sindical, y luego, una vez lograda la desmovilización, represiva. El CMDO se disolvió el 15 de junio, agotada cualquier posibilidad de movilización.

El Poder va a renovarse rapidísimamente, mientras la crítica situacionista continúa con su labor de zapa. Dos importantes textos, el libro Enragés y situacionistas en el movimiento de las ocupaciones y el artículo cabecera del nº 12 de la revista “Internationale situationniste”, El comienzo de una nueva época, darán testimonio de la acción histórica de los situacionistas, pero tras ellos su práctica empezó a diluirse. La Conferencia de Venecia, tenida en octubre de 1972, puso de manifiesto una euforia que no se tradujo en ganancia de capacidad subversiva. Desde el exterior, un folleto aparecido en agosto de 1971 llamaba a comenzar de nuevo: “La I.S. tiene razón, una época ha pasado, quizás todo el siglo XX (…) Tengo la convicción de que la distancia práctica y teórica establecida en los últimos diez años entre la Primera Internacional y la Internacional Situacionista es la que queda por establecer entre la Internacional Situacionista y lo que falta por hacer” (Bartolomé Béhouir, De la conserjería internacional de los situacionistas.) Para ese trabajo la I.S. salida de Mayo no estaba preparada y tras un tenso periodo de exclusiones y abandonos –la dimisión de Vaneigem fue crucial- la tendencia de Debord tomó la arriesgada decisión de poner punto final a su trayectoria. Puede que el modelo vanguardista tocara a su fin como forma orgánica de la conciencia histórica. Un nuevo modelo debía nacer desde la moderna lucha de clases, pero en los ochenta el protagonista indiscutible de la misma, la clase obrera, optó por detenerse ante las pequeñeces logradas y la pesadilla del desempleo. La represión y la renovación capitalista hicieron el resto. A la detención del proceso revolucionario debemos el que la crítica situacionista esté hoy en boca de impostores y estetas reaccionarios, y el que la cultura oficial adopte una pose comprensiva cada vez que rememora la efemérides de Mayo. Bajo ese asfalto está su playa, no la de los rebeldes. Y la humanidad sigue sin ser feliz, puesto que ningún burócrata fue colgado de las tripas de ningún capitalista.

Miquel Amorós

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Propuesta para una praxis revolucionaria (Texto y panfleto para descargar).

NOTA BV: El siguiente texto cuenta como algunos meses desde su difusión. A pesar de saber de su exitencia y empatizar con su contenido, no habíamos hecho nuestra parte difundiendolo por mero olvido. Como el contenido del texto trasciende del marco en el que se englobó su difusión (durante la manifestación de todos los años visperas de otro 11 de septiembre -conmemoración del golpe de Estado en la región chilena), lo difundimos ahora, que nos acordamos.

NOTA DE LOS AUTORES: Este panfleto fue repartido a rostro cubierto, durante la romería al cementerío general, en el marco de una nueva conmemoración del golpe de estado de 1973 (en la región chilena). La idea de esta edición digital, es contribuir a la confrontación de ideas y al reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias tan atomizadas en el presente. Para hacernos llegar cualquier comentario, duda, aporte o insulto dejamos este correo a su disposición: proletas@riseup.net

proletas

El siguiente texto, es un trabajo colectivo, que nace de la discusión teórica entre compañeras y compañeros, que luchamos a diario para fortalecernos como sujetos revolucionarios. Tomamos conciencia y en la lucha hemos avanzado y seguiremos avanzando. Creemos que es necesario compartir estas reflexiones que pretenden ser una herramienta teórica alternativa que ayude a constituir la práctica revolucionaria. Se las entregamos para que la sometan a la crítica, teórica y prácticamente. Creemos que otro mundo es posible pero solo en la medida que dejemos de ser masa, y nos volvamos sujetos autónomos conscientes, creativos y activos, que nos articulemos, que ejecutemos, que nos atrevamos, que nos equivoquemos, aprendamos y sigamos avanzando, podremos cambiar el orden existente. Lo importante es tomar posiciones, decidirse, caminar en serio, la revolución no es un juego, y necesita de todos y todas, necesita práctica y teoría, ninguna más importante que la otra, ambas deben ir de la mano e ir marchando juntas y dialécticamente.

La cosa va enserio, y por lo tanto debemos ser conscientes de los riesgos y el trabajo que implica tomar la decisión de vivir un camino de lucha. La revolución requiere voluntad y esfuerzo de aquellxs que decidimos tomar posiciones, es imprescindible sacar de nuestras mentes fantasías simplistas que nos llevan a creer que solo el placer y la satisfacción moverán cada una de nuestras acciones. Habrá momentos de cansancio y agotamiento, de desidia, pero otros sin duda de mucha satisfacción. No será fácil, el esfuerzo debe existir si queremos dar golpes certeros que nos encaminen a la victoria.

Es por la seriedad de las palabras que están leyendo que creemos necesario hacerles llegar este texto, que es una apuesta por la construcción teórica colectiva. Es imprescindible que se difunda, que circule que corra, pues creemos que hoy más que nunca estamos carentes de teoría. Los movimientos sociales son una masa uniforme que no cuestiona, hay instinto pero no critica, no hay trabajo teórico ni contenido político, y se vuelven una imagen, un espectáculo, una válvula de escape que deja de tensionar y se estira, un embudo y una salida fácil para mantener vigente el sistema. Es por esto que creemos que es necesario revisar la teoría y la práctica de “viejos” revolucionarios, para reinventarlas y contextualizarlas, reconociendo que en esta modernidad tardía o capitalismo tardío1 ningún paradigma teórico ni mucho menos ideológico nos ofrecerá una buena lectura del momento histórico del que somos parte, ni el marxismo, ni el anarquismo, ni en su versión situacionista,2 pueden satisfacer hoy las explicaciones teóricas necesarias para comprender el estado actual de las cosas .

Este texto entonces, es una invitación a la reflexión a la crítica y a la práctica, y una propuesta teórica del quehacer revolucionario. Hoy más que nunca es necesario e imprescindible un cambio de estas proporciones, un mundo que se agota ante la industrialización y la violencia del capitalismo, donde las personas somos arrastradas a la condición de objetos y nuestra libertad vive encerrada en una pantalla, en un espectáculo.

De este modo el siguiente texto pretende contextualizar conceptos teóricos tomados de luchas de antaño, para revitalizarlos y construir una herramienta teórica que nos permita acceder desde una perspectiva autónoma a la crítica y a la propuesta.

Aclaramos que no somos marxistas, no somos anarquistas, utilizamos la teoría de Marx y las ideas anarquistas como herramientas de lucha que nos permiten comprender la sociedad, criticarla y transformarla en la acción y en la palabra. Somos parte de la lucha que emprendieron los primeros seres humanos que se rebelaron contra la explotación y la esclavitud, por lo tanto herederos históricos de sus luchas, nos hacemos cargo de sus errores para transformar constantemente nuestra teoría-práctica, estamos conscientes de su entrega, aciertos y desaciertos, y nos hacemos parte

de ese camino que aquellas mujeres y hombres tuvieron la valentía mostrarnos, somos sus continuadores, somos historia, somos presente y futuro, somos revolucionarios.

11 de Septiembre 2013.

1 El concepto de Modernidad tardía es utilizado por Miguel Amorós en el texto “los cambios de la modernidad tardía” y por Ernest Mandel en “El Capitalismo tardío”.

2 Miguel Amorós, “Los cambios de la modernidad tardía”.

Propuesta para una praxis revolucionaria, para que descargues, leas, imprimas, difundaz y agites:

Descarga PDF en formato para lectura

Descarga PDF en formato panfleto

Proletas@riseup.net

Revolución y comunización

Extracto de un texto publicado en la revista Etcetera del grupo “La Guerra Sociale” en el año 1985. El nombre del artículo completo es “Comunismo. Elementos para la reflexión” May-68

Entre el capitalismo y el comunismo no hay una especie de modo de producción mixta ni intermedia. El periodo de “transición”, o más bien… el período de ruptura es esa fase en la que un proceso comunista deberá enfrentarse a secuelas humanas y materiales de una era de esclavismo y neutralizar las fuerzas que las defiendan. No habrá en un primer tiempo revolución armada y a continuación, permitida por esta revolución, la transformación de la realidad social. Revolución y comunización están íntimamente unidas. La revolución es la comunización de las relaciones entre los hombres a través de movimientos de masa dirigidos contra las relaciones mercantiles y el Estado.

La revolución será una formidable conmoción social. Implica enfrentamientos y no excluye la violencia. Pero, si bien es una fuerza, su problema esencial no es el de la violencia, y la condición de su éxito no es esencialmente una cuestión de poder. No disputa el Estado y la Economía a los poderosos. La revolución comunista no persigue el poder, ni siquiera cuando se atribuye el poder de tomar sus medidas expresando el rechazo práctico del Estado y del capitalismo. Este rechazo práctico se expresará por la formación de comunidades de lucha independientes de las instituciones estatales (partidos, sindicatos, policía, ejército), permitiendo un verdadero compromiso de todos, la unidad y la transparencia efectiva de las decisiones y de sus aplicaciones, rechazando la división representantes-representados, por la instauración de relaciones no mercantiles que, en un primer tiempo, puedan servirse de ciertos aspectos de las actuales estructuras productivas reorientándolas en el sentido de la satisfacción de las necesidades humanas mediante la distribución de los productos.

La fuerza de la revolución será, de hecho, una relación social que cambie completamente las otras, que haga de los hombres los sujetos de su propia historia. Es rompiendo los vínculos de dependencia y de aislamiento como destruirá al Estado y la política, es aboliendo las relaciones mercantiles como destruirá al capitalismo.

La revolución comunista no es el choque entre dos ejércitos, uno a las órdenes de los privilegiados y explotadores y otro al servicio de los proletarios. No puede ser reducida a una guerra en la que lo que está en juego sea la toma de poder y el control territorial. Los proletarios resbalarían sobre el terreno del enemigo si se entregaran a un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, si ellos buscasen establecer una relación de fuerzas, preservar las “conquistas” para la construcción de otra estructura estatal. La revolución degeneraría entonces en guerra civil, fatalmente resbaladiza que no haría más que reproducir los fracasos del pasado. El enfrentamiento entre dos ejércitos, rojo y blanco, no será la revolución comunista sino la transformación de los proletarios en tropas de una vanguardia cualquiera.

Los proletarios deberán ser activos para triunfar, no teniendo ni patria que defender, ni estado que construir. Frente a ellos estará el ejército y la policía, así como todos aquellos que quieran que los seres humanos estén siempre dominados, explotados, o quienes no puedan vislumbrar la vida humana nada más que de esta forma. Para la transformación inmediata y radical de la organización social, es necesario que los militares y los conservadores actuales sean privados de cualquier cosa que defender. El ejército, los grupos paramilitares no pueden conseguirlo todo por ellos mismos en tanto que organizaciones de la violencia. Su acción puede expresarse directamente por la destrucción de hombres y cosas, o bien creando y manteniendo una situación de penuria adecuada para desarrollar el egoísmo, el miedo… Serán relevados en eso por aquellos para quienes lo que existe es el mejor de los mundos posibles, quienes tratarán de canalizar la violencia de los explotados. Preconizando las liquidaciones masivas de los oponentes reales o supuestos, dando a las frustraciones que empezarán a exteriorizarse, objetivos asesinos, apelarán al homicidio para evitar que se plantee la necesidad para los hombres de organizar ellos mismos su propia vida.

La revolución comunista no se sustenta ni del sabor de la sangre ni del espíritu de venganza. Su objetivo no es la masacre, sino la emergencia de una comunidad reconciliada. Los movimientos del pasado demuestran que la sangre derramada se debe generalmente en una débil parte a los sublevados. Son las fuerzas sociales conservadoras quienes han masacrado, encarcelado y deportado. La sangre ha corrido durante los combates, pero a menudo después de su victoria. Les es necesario destruir a aquellos en quienes parece radicar la revolución. A la inversa, la ética del movimiento comunista implica la posibilidad de cambio de vida para sus adversarios, actuando de tal forma que ellos comprendan, lo más ampliamente posible, que el gozo verdadero no reside en la humillación y la muerte, sino en la realización de la comunidad de los hombres sin amos ni esclavos. La guerra es, por encima de todo, destrucción y sumisión de los hombres. La revolución comunista tiene por meta barrer las estructuras materiales y mentales de la opresión y no destruir y someter a los hombres.May-68001

De lo que se trata, pues, es de rechazar
el mundo de la dominación, rompiendo todas

las relaciones en las que se basa:
esto no es construir un ejército, si
no abolir el ejército; no es conseguir que algunos sean ministros o comisarios del pueblo, sino de hacer inútil esta función.

La Insecurité Sociale

Nuevo Nº de Cuadernos de Negación: Crítica de la Razón Capitalista

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La ciencia, la tecnología y noción de progreso, no se encuentran por fuera del modo de producción capitalista, son parte constitutiva de éste y como una sola ideología imprimen un modo de percibir el mundo y de actuar en él.La razón dominante es burguesa, porque en tanto que idea pero tambien como fuerza material, actúa en beneficio del Capital.Hasta hoy, la gran mayoría de los llamados a la “revolución” han sido y son en nombre de la libertad y la igualdad burguesas, de la ciencia y la Razón, de la eficacia y el progreso… y ya es tiempo de romper con ello.

Contenido:
En estos tiempos… 
Tecnología y ganancia 
La realidad de lo virtual
– Una nueva mercancía: la intimidad
▪ Crítica de la razón capitalista– Introducción
– La catástrofe razonable
– Razón de Estado
– La vida no es un mecanismo
– Instrumentalización y cosificación
▪ El progreso del Capital
– Totalitarismo y dependencia
– La ilusión de eficiencia
– El ejemplo del coltan
– El progreso moderniza la pobreza
– Ruptura y revolución
El condicionamiento tecnológico 
La crítica al capital supone la crítica a la ciencia
– La otra cara de la ciencia del Capital: las ciencias ¿humanas?
– El totalitarismo científico
– La ciencia no es neutral
▪ Ciencia y enfermedad   
– Medicina, salud y sociedad
– Multiplicación de enfermedades
– Prevención y comercio
– Salud y normalidad
– Medicina y guerra
▪ Crítica de la crítica
– Ecologismo
– Primitivismo
– Posmodernismo
▪ ¡Romper con la mentalidad capitalista!

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[Folleto] Adoptando términos que no nos pertenecen: Aportaciones para una superación de la democracia (Terra Cremada)

democracyBravata Vandálica no pretende ser un proyecto editorial. pero hay un texto que nos parece últil para aportar a la demistificación de las relaciones sociales existentes, en este caso, la democracia, y cuya difusión en papel es nula por estos lados, así que lo editamos para su impresión.

El texto es un articulo extraido del Número 2 de Terra Cremada, revista de carácter anárquico/comunista de la región de España, y trata sobre el empleo que le damos a terminos que no deberían formar parte de nuestro proyecto revolucionario, como la democracia, y que aquel proyecto no debería apuntar una exigencia democrática sino que a la superación de esta.

“Nosotras no somos demócratas, nosotras no somos antidemócratas. Estamos en la búsqueda y en la lucha por la construcción de una sociedad en la que las relaciones humanas no vengan mediadas por el dinero ni por el ejercicio de poder sobre las otras, ésta es nuestra intención. Encasillarnos en una crítica a la democracia sería igual de válido, pero a la vez igual de impreciso, que erigirse como antipolicía o antitelevisión. Aun así, pensamos que hace falta hacer un análisis de lo que supone hoy en día la democracia, ya que viendo como la lógica en la que ésta se sustenta se filtra en muchos de los discursos de algunas de nuestras compañeras, se nos vuelve muy difícil una ruptura real con el sistema de dominación actual. Atacamos la democracia porque es la forma más precisa y perversa que toma el capitalismo a la hora de gobernarnos. Atacamos la democracia porque su potencia desmovilizadora consiste, en buena medida, en movilizarnos dentro de los amplios márgenes que no la cuestionan. Atacamos la democracia porque no hemos renunciado a cambiar el mundo, porque aún no nos damos por vencidas y somos capaces de desear situaciones colectivas que desconocemos y porque intuimos que la vida no se sitúa dentro de los márgenes de lo que hoy día es posible

Nuestra edición hecha para su descarga en PDF e impresión como folleto acá
El texto íntegro en word sin gráficas acá y la revista número 2 de Terra Cremada aquí

http://terracremada.pimienta.org