[Documental] Montaje: Caso Bombas (shile, 2013)

La madrugada del 22 de Mayo del 2009, un joven lleno de vida estalla junto a la bomba que traía en su mochila mientras se dirigía en bicicleta hacía la Escuela de Gendameria, escuela de adiestramiento para los cerdos a cargo del control de las atestadas cárceles del país.

Para ese entonces ya se hablaba de más de cien bombazos en distintas localidades del país, principalmente en la capital de Santiago, bombazos todos ocurridos en bancos, algunas iglesias y otros símbolos del poder, muchos de ellos reivindicados por grupos insurrecionales.

La muerte de Mauricio Morales dio inicio a la mayor carecía de brujas política que se haya vivido en la dictadura democrática desde la finalización del la dictadura militar. Muchos centros sociales, ocupados o no, fueron allanados y encarcelados varios/as compañeros/as bajo cargos de participación de aquellos bombazos con pruebas irrisorias y ridículas, tanto así que las fantasías del fiscal incluían teorías como las de los centros sociales ocupados como centros de poder, jerarquías claras de grupos de carácter terrorista y hasta financiamiento extranjero, entre otras cosas, teorías ridículas para quién tenga un mínimo de conocimiento sobre las formas de organización ácratas y que haya leído un poco sobre insurrecionalismo y los grupos de afinidad.

En total fueron 14 compañeros/as encarcelados/as, los/las que, por la inconsistencia del caso encabezado por un fiscal pretencioso y en una clara y descarada carrera política (tanto así que los mismos jueces a cargo, conservadores y fascistas pero apegados a la constitución, tuvieron que dar un pie atras), fueron absueltos luego de varios meses de cárcel en regímenes de alta seguridad.

Este documental realizado por la gente de Canal Barrial Tres del Barrio Yungay relata como se llevó a cabo esta persecución política contra las y los anarquistas y los centros sociales ocupados, desde la muerte de Mauricio Morales hasta la absolución completa de los y las presos/as por las fantasia del Estado.

Puedes verlo en una mejor calidad en el enlace de Vimeo

[Chile] Nuestros sueños no caben en sus marchas… (2012)

Intro de Bravata Vandálica

En Chile, el 2011 se caracterizó por ser un agitado año de de movilizaciones sociales, especialmente por las revueltas estudiantiles que por su masividad sorprendieron a todos, y que para los buenos observadores -y partícipes- contenía (y contiene aún) en su germen una potencia negadora que nadie con altura de miras y pensamiento crítico podría desmentir. Entre la altísima convocatoria de las marchas y la masividad de establecimientos tomados por sus estudiantes (desde escuelas a universidades) se registró como una de sus grandes marcas la proliferación de la lucha callejera contra las fuerzas del orden, específicamente la proliferación de quienes se cubrían el rostro cuando las manifestaciones callejeras ofrecían sin querer las posibilidades de quiebre violento con la cotidianidad, los encapuchados (ya no “unos” ni “algunos”, sino “Los” según el manoseo mediático), aumento que el Espectáculo no pudo negar y que incluso intenta aún utilizar para su legitimación y producción de “opinión pública”, producción evidentemente eficaz cuando también se reproduce entre las filas de estudiantes “críticos” que de manera para-policial defendían el orden de las marchas cuando enfrentaban a los “violentistas” para quedar bien con la prensa y el Estado, demostrando también que ellos y el orden pueden ser una misma cosa (“críticos” demócratas y bienportados). Mientras sucedían los primeros meses esta proliferación no hizo más que crecer a medida que se iban integrando los más jóvenes (secundarios) en las revueltas callejeras (y que tuvo un claro y lamentable declive en la última etapa del año).
encapuchados
La maduración de esta proliferación negadora se hizo además palpable es su aspecto cualitativo cuando en el 2012 el movimiento intentó reemerger ahora de la mano de los secundarios; en este análisis hay dos cuestiones a destacar si se quiere hablar de la potencia negadora en esta segunda etapa del movimiento estudiantil iniciado el 2011. La primera es sobre el lado institucional que “dialoga” con el poder y el cual funciona como carta de presentación del estudiantado secundario para el poder y sus medios: las “bases” (con sus orgánicas) y sus representantes, que sin embargo contienen en su discurso un marcado germen anti-estatal. La ACES y sus representantes destacaron como la representación del estudiantado secundario, y su discurso se caracteriza, además por la “democratización” y gratuidad de la educación, por una “democratización” de todo cada aspecto social y la organización de estos según las bases, y en un fuerte rechazo a la representación burocrática y al sufragio, (aunque también reproducieran actitudes burócratas) llamando públicamente a abstenerse del voto e incitando a organizarce localmente. Aunque claramente la actual representación secundaria no supera su aspecto socialdemócrata y que su lógica opere sobre la lógica de lo existente, es interesante el discurso de un nuevo movimiento secundario que se propone el quiebre con la representación democrática y con la participación efectiva actual en el Estado (no podemos asegurar que alguno de sus representantes no acabe de burócrata en otro nuevo partido reformista).

El segundo aspecto negador a destacar es la proliferación del germen anárquico y libertario entre los secundarios participes del movimiento. Escuelas o institutos “emblemáticos” (de los que alguna vez se graduaron burócratas y destacables personajes nacionales) tomados se han prestado (incluso en estos momentos del actual movimiento) para varias actividades de carácter crítico, libertario y abiertamente anti autoritario. Esta radicalización de la lucha secundaria se materializa también en los estudiantes que han resistido encapuchados los desalojo de sus liceos y en los muchos que en las marchas se violentan contra los esbirros, la propiedad y la urbe del capital. En muchas ocaciones este movimiento de la toma de escuelas tiene un marcado carácter anti-escuela, talvez aún invisivle para varios de los que también participaban el año pasado y también lo hacen este 2013 (“si somos delincuentes es porque sus escuelas son cárceles” se lee en algunas murallas de algunos de los establecimientos en toma este año).

Quizás habría algo de iluso y superficial en la certeza de que esto representa una avanzada anárquica y negadora dentro del movimiento estudiantil, pero por otra parte es imposible no tomarla en cuanto debido a su potencialidad.

En este momento, Julio del 2013, hay varias instituciones secundarias y universitarios en toma y/o movilizados. Muchas se ellas han sido desalojadas o simplemente han depuesto la movilización, y aunque son algo escaso en comparación al alcance de las movilizaciones del 2011, por lo menos si han sido más masivas en cuanto a tomas y participación universitaria que las del 2012 y a ratos nos recuerdan, por su intención y potencialidad, a lo que se vivió en las calles, escuelas y universidades el 2011.

El siguiente texto data del miércoles 12 de octubre del 2012, un día antes de un nuevo llamado a paro estudiantil por parte de la Confech (Confederación de Estudiantes de Chile)

[Chile] Nuestros sueños no caben en sus marchas…

Extraido de Panfletos Subversivos

Dejemos de ser borregos!

“Es ahí de donde el encuentro con otros extrae su realidad: en una crítica del mundo existente que, dado que ya ha sido expresada, favorece la coincidencia de intereses, de aspiraciones comunes. Esta puede ser hecha a partir de lo experimentado en su propia calle, en su casa”
(Grupo “Imprimerie 34”)

En cada marcha que es convocada por la CONFECH, se suele ser-movilizado como borrego de un lugar a otro. Como borregos en tanto nos vinculamos con el mundo de las mercancías sin un ápice de sentido critico, de “pensar”…sabemos que existen núcleos de proletarios que asisten a ellas con otras intenciones y para darles otro contenido. Ese es el punto. He ahí lo de borrego, lo de ser-movilizado, nuestra critica que no es el carácter socialdemócrata, ciudadanista, reformista, etc; sino mas bien es una critica a la ideología que predomina en el movimiento estudiantil.
En cada marcha que asistimos encontramos el desborde de ideología. ¿Debemos dejar de hacer marchas? Hablamos de quienes le dan el contenido a esa marcha (con esto nos referimos a una práctica que se ha desarrollado dentro de este, en un contexto determinado y que ha derivado en ciertas formas de hacer las cosas). Usualmente este contenido lo da el estado, la marcha es colocada sutilmente ahí, donde debe estar, para ser cumplida sin salirse de ciertos parámetros ni antes ni después. Bajar el moño es el primer paso para que los que buscan hacer sus carreras políticas terminen sentados discutiendo en alguna mesa. Reafirmamos la solución que el enemigo nos propone, donde la misma marcha se transforma en un ritual para ir hacia la política.

 

Nuestra practica e ideología como primer afronte…

“Toda representación política es antesala y obstáculo para una fusión de fuerzas”.
(Jaques Camatte 1972).

Hablamos de una de las tantas contradicciones del movimiento estudiantil, en tanto expresión de las contradicciones del capital…en el movimiento se dan prácticas históricas que desembocan en una ideología que podríamos llamar “política” (una de las tantas que podríamos encontrar) pero que también expresa prácticas que como acción devienen siempre crítico. Cuando impera la ideología de la política, las orgánicas luchan por captar seguidores mientras que el Estado refuerza la naturalización del orden de lo posible. El como esa ideología ha invadido los movimientos es ya una tarea histórica donde todo órgano político (en el sentido que aquí le damos y que por tanto actúa dentro de dichos parámetros) ha cooperado en aquello y quienes no participan de ninguno de estas orgánicas también en tanto realizan practicas que son apropiadas en su sentido por el enemigo.
Cuando nos llaman a “solucionar políticamente esto” nos están diciendo que nos sometamos al régimen de orden y posibilidad que constituye la política y especialmente su esencia en armonizar e invisibilizar los fundamentos que provocan los conflictos.
Es el jueguito político al cual quieren llevar la lucha estudiantil, es básicamente llevarlo al orden de lo posible. Lo “posible” acorde a los limites que la reproducción del capital determina.En dicho campo ya se han forjado burocracias, federaciones, etc. Todas ellas simplemente recogen al proletario que estudia desbordando ideología y lo potencia con sus “soluciones”. Se conforma un terreno que es verdadera fabricación de la realidad: una cotidianeidad del estudiante donde la pasividad es sinónimo de actuar en tanto se obedece a los llamados “desde arriba”…donde la extensión de la política ejercida por las “organizaciones que nos representan” son el modo en que nosotros extendemos la cotidianeidad para que el capital, en tanto intentamos adecuarnos a lo que desde arriba se diga, nos sigue exprimiendo energías para validarse en las muestras de “política” que dan los proletarios que estudian (“Esta es la democracia, donde cada cual puede protestar…pero el que me quite mi poder o webee se va de palos”); las organizaciones que agrupan el descontento ideológico son un obstáculo, no problema. Es necesario romper con ellas para recién empezar a realizar una critica a la ideología

El arte de la anti-política, la belleza del sabotaje …

“Nuestra época no necesita escribir consignas poéticas sino ejecutarlas”
(Internacional Situacionista)

Por ello es necesario la practica ajena a la política, la anti-política, la que va dando una muestra de un “hacer” las cosas de forma distinta, de una irrupción de creación sobre lo cosificado. Es la manifestación practica como reflexión y acción sobre las relaciones mercantiles, cuestión que es al mismo tiempo critica ideológica en tanto (semi)comprensión practica de la totalidad capitalista (o más bien su grado densificado de comprensión practica). Es un arte, un modo de destruir la política del capital, la separación, la mercancía…en el fondo; todo aquello que nos disgrega para realizar nuestros potenciales. Un hacer que requiere los mas sutiles y brutales expresiones de nuestro ser. Un arte que debemos recuperar de la apropiacion del capital: “Última advertencia a los estudiantes de último año de Arte. De ustedes depende: ser ornamentadores bien o mal remunerados del espectáculo, o hacer un esfuerzo más hacia la superación del capital extendiendo la esfera del arte hacia todos los aspectos de la vida” (Tergiversación de un cartel dirigido hacia estudiantes en una Universidad santiaguina. Firmado por “Orgón”)
Es la capacidad de irrumpir dentro de lo cotidiano para sabotearlo y aun más, para proyectar con dicho sabotaje la posibilidad de copar los espacios mercantiles, para exponer su fragilidad, fragilidad que se materializa en el antagonismo cuando los proletarios que estudian empiezan a ocupar lo saturado por las relaciones del capital, su sentido de existencia, con relaciones ajenas a las establecidas. La belleza de un sabotaje que aflora toda la putrefacción de la realidad del espectáculo pero que nos muestra a nuestra percepción y emoción radical, la dinamita lista para ser activada en conjunto y hacer volar por los aires lo podrido…floreciendo las ya no marchitas tendencias a la solidaridad y cooperación que por siglos se han mantenido como potencial debajo de la cloaca.

Todos somos todos..! 

“…afirmamos que revueltas que se desarrollan de esta manera (las llamadas “inconcientes”) están impulsadas por el rechazo humano a las condiciones de vida capitalistas. Sin hacernos ilusiones sobre su extensión o radicalidad (“ir a la raíz”), pero comprendiendo que el proletariado lucha de diferentes formas, a diversos niveles de abstracción frente a la toda la mierda del Capital. Y que nuestra clase existe”
(Mariposas del Caos)

Esperar que el movimiento estudiantil pueda ir mas allá de si, negarse y encontrar su propia identidad en los “conflictos separados”… es la cuestión necesaria para reunir lo falsamente separado y reconocer las problemáticas como problemáticas de clase y no como problema de “voluntades políticas”. Eso entendemos es el objetivo inmanente de cada conflicto. Veremos que ocurre este jueves. Solo esperar a que la creación subversiva, aquella que impone la comunidad humana, vaya unificándose…pues no será la “articulación” de los conflictos la que servirá de algo, sino su realización como un todo: cada antagonismo que da lugar a un conflicto que aparece de manera separada, en una esfera determinada, se devela como lo que es; lo mismo de lo otro. De ahí que las constantes negaciones de cada lucha serán negaciones de lo idéntico(el capital como esencia de la contradicción) en la totalidad (donde cada parte no suma, sino es diferente a la otra pero idéntica en su esencia, lo que le da dinámica)

Nota: Cuando hablamos de “comprensión crítica practica”, es porque aun no encontramos una palabra que no haga dicotomía de la palabra y la acción. Para nosotros no se comprende nada si no se practica aquello que se dice comprender. Si digo que “comprendo como funciona el capitalismo” pero me quedo en la casa, entonces solo tengo saber. Ahí debemos afilar mejor las palabras…

# pequeño borrador N.A.C…esperando a ser mejorador pero colgado a proposito de la coyuntura…
# 10 de Octubre de 2012, Chile.

“Extraña Derrota: La revolución chilena” (1973, Pointblank!)

Traducción de Columna Negra.

Strange defeat: The Chilean revolution, 1973 – Pointblank!1245726528373_f

Nota CN: Pointblank! fue uno de los tantos grupos pro-situacionistas que aparecieron en la década de los 70, esta vez en Estados Unidos. Escribieron este artículo en octubre de 1973. Esta traducción, realizada por Columnanegra, la sacamos del texto que está enlibcom. En este sitio se puede descargar la revista que publicó el grupo en 1972.
 
Nota de libcom: En vez de culpar a la derecha y la CIA por el golpe como la mayoría de los comentadores de izquierda, Pointblank! señaló el rol que Allende y los partidos de la izquierda jugaron en desmovilizar la poderosa clase trabajadora, minando su fuerza y eventualmente firmando su propia garantía de muerte al negarse a armarla.
I
En la arena espectacular de eventos presentes reconocidos como “noticias”, el funeral de la socialdemocracia en Chile ha sido orquestado como un gran drama por aquellos que entienden la subida y caída de gobiernos más intuitivamente: otros especialistas del poder. Las últimas escenas en el guión chileno han sido escritas en varios campos políticos en concordancia con los requerimientos de ideologías particulares. Algunos han venido a enterrar a Allende, otros a alabarlo. Aún otros exclaman un reconocimiento de sus errores tras los hechos. Cualesquiera sean los sentimientos expresados, estos obituarios han sido escritos con mucha antelación. Los organizadores de la “opinión pública” sólo pueden reaccionar reflexivamente y con una distorsión característica de los propios acontecimientos.
Como los respectivos bloques de la opinión mundial “escogen su lado”, la tragedia chilena es reproducida como farsa a una escala internacional; las luchas de clases en Chile son disimuladas como seudo-conflictos entre ideologías rivales. En las discusiones de la ideología nada será oído de aquellos para los que el “socialismo” del régimen de Allende estaba supuestamente dirigido: los trabajadores y campesinos. Su silencio ha sido asegurado no sólo por quienes los ametrallaron en sus fábricas, campos y casas, sino que también por los que pretenden (y continúan pretendiendo) representar sus “intereses”. A pesar de mil falsedades, sin embargo, las fuerzas que estuvieron involucradas en el “experimento chileno” todavía no se han agotado. Su contenido real será establecido sólo cuando las formas de su interpretación hayan sido desmitificadas.
Por encima de todo, Chile ha fascinado a la llamada izquierda en cada país. Y documentando las atrocidades de la presente junta, cada partido y secta intenta conciliar las estupideces de sus análisis previos. Desde los burócratas-en-el-poder en Moscú, Pekín y Habana a los burócratas-en-el-exilio de los movimientos trotskistas, un coro litúrgico de pretendientes izquierdistas ofrecen sus evaluaciones post-morten de Chile, con conclusiones tan previsibles como su retórica. Las diferencias entre ellos sólo son de matiz jerárquico; comparten una terminología Leninista que expresa 50 años de contrarrevolución a lo largo del mundo.
Los partidos estalinistas del Este y los estados “socialistas” con justa razón ven la derrota de Allende como su derrota: el era uno de los suyos –un hombre de Estado. Con la falsa lógica que es un mecanismo esencial de su poder, aquellos que saben mucho sobre el Estado y la (derrota de) Revolución condenan el derrocamiento de un régimen burgués, constitucional. Por su parte, los importadores “izquierdistas” del trotskismo y maoísmo sólo pueden lamentar la ausencia de un “partido de vanguardia” –el deus ex machina del bolchevismo senil- en Chile. Aquellos que han heredado la derrota de la revolucionaria Kronstadt y Shangai saben de lo que hablan: el proyecto leninista requiere la imposición absoluta de una deformada “conciencia de clase” (la conciencia de una burocrática clase dominante) sobre los que en sus designios son sólo “las masas”.
Las dimensiones de la “revolución chilena” se encuentran fuera de los límites de cualquier doctrina particular. Mientras los “anti-imperialistas” del mundo denuncian –desde una distancia segura- los espantajos muy-convenientes de la CIA, las razones reales de la derrota del proletariado chileno deben ser buscadas en todas partes. Allende, el mártir, fue el mismo Allende que desarmó las milicias de trabajadores de Santiago y Valparaíso en las semanas previas al golpe y los dejó indefensos ante el ejército cuyos oficiales ya estaban en su gabinete. Estas acciones no pueden simplemente ser explicadas como “colaboración de clase” o una “traición”. Las condiciones para la extraña derrota de la Unidad se prepararon con mucha antelación. Las contradicciones sociales que emergieron en las calles y campos de Chile durante agosto y septiembre no fueron simplemente divisiones entre “Izquierda” y “Derecha”, sino que involucraban una contradicción entre el proletariado chileno y los políticos de todos los partidos, incluyendo aquellos que posaban como los más “revolucionarios”. En un país “subdesarrollado”, se había planteado una lucha de clases altamente desarrollada que amenazaba las posiciones de todos los que deseaban mantener el subdesarrollo, tanto económicamente a través de la dominación imperialista continuada, o políticamente a través del retraso de un auténtico poder proletario en Chile.
II
En todos lados, la expansión del capital crea su aparente opuesto en la forma de movimientos nacionalistas que persiguen apropiarse de los medios de producción “en nombre” de los explotados y, de este modo, apropiarse del poder social y político para sí. La extracción de plusvalía del Imperialismo tiene sus consecuencias sociales y políticas, no sólo en la pobreza forzada de las personas que se deben convertir en sus trabajadores, sino también en el rol secundario asignado a la burguesía local, que es incapaz de establecer su hegemonía completa sobre la sociedad. Este proceso ha tomado muchas formas –desde la xenofobia religiosa de Gadafi a la religión burocrática de Mao- pero en cada instancia, las órdenes de marcha del “anti-imperialismo” son las mismas, y quienes las dan están en idénticas posiciones de mando.
La distorsión imperialista de la economía chilena proveyó una apertura para un movimiento popular que buscaba establecer una base de capital nacional. No obstante, el estatus económico relativamente avanzado de chile, impidió el tipo de desarrollo burocrático que ha llegado al poder por la fuerza de las armas en otras áreas del “Tercer Mundo” (un término que ha sido usado para conciliar las reales divisiones de clase en esos países). El hecho de que la “progresista” Unidad Popular fuese capaz de lograr una victoria electoral como una coalición reformista, fue un reflejo de la peculiar estructura social en Chile, que era en muchos aspectos similar a aquella en los países capitalistas avanzados. Al mismo tiempo, la industrialización capitalista creó las condiciones para la superación de esta alternativa burocrática en la forma de un proletariado rural y urbano que emergió como la clase más importante y una con aspiraciones revolucionarias. En Chile, tanto cristianos como social demócratas debían llegar a ser los adversarios de cualquier solución radical a los problemas existentes.
Hasta la llegada de la coalición UP, las contradicciones en la izquierda chilena entre una base radical de obreros y campesinos y sus llamados “representantes” políticos, se mantuvo a lo largo de extensos antagonismos latentes. Los partidos izquierdistas fueron capaces de organizar un movimiento popular únicamente sobre la base de la amenaza extranjera. Comunistas y socialistas fueron capaces de sostener su imagen como auténticos nacionalistas bajo el gobierno democráta cristiano porque el programa de “chilenización” de Frei (que incluyó una política de reforma agraria que posteriormente Allende emuló conscientemente) estaba explícitamente conectado a la patrocinada-por-América “Alianza para el Progreso”. La izquierda oficial fue capaz de construir su propia alianza en Chile oponiéndose, no al reformismo en sí, sino a un reformismo con vínculos externos. Incluso dada su naturaleza moderada, el programa opositor de la izquierda chilena sólo fue adoptado tras la militante actividad de huelga de los 60s –organizada independiente mente de los partidos- que amenazó la existencia del régimen de Frei.
La futura UP se movería dentro de un espacio abierto por las radicales acciones de los trabajadores y campesinos chilenos; se impuso como una representación institucionalizada de causas proletarias en la medida que era capaz de recuperarlas. A pesar de la naturaleza extremadamente radical de muchas de las huelgas anteriores (que incluían ocupaciones de fábricas y administración de los trabajadores de varias plantas industriales, más notablemente en COOTRALACO), la práctica del proletariado chileno carecía de una expresión teórica correspondiente o de organización, y esta falla en afirmar su autonomía lo dejó abierto a las manipulaciones de los políticos. Pese a esto, la batalla entre reforma y revolución se hallaba lejos de estar decidida.
III
La elección del masón Allende, aunque de ningún modo significó que los trabajadores y campesinos hayan establecido su propio poder, sin embargo intensificó la lucha de clases que ocurría en todo Chile. Contrariamente a las afirmaciones de la UP sobre que la clase trabajadores había obtenido una “victoria” mayor, tanto el proletariado como sus enemigos continuaron su batalla por fuera de los canales parlamentarios convencionales. Aunque allende constantemente aseguró a los trabajadores que ambos estaban comprometidos en una “lucha común”, el reveló la verdadera naturaleza de su socialismo-por-decreto al inicio de su gobierno cuando firmo el Estatuto, que formalmente garantizaba que respetaría fielmente la constitución burguesa. Habiendo llegado al poder sobre la base de un programa “radical”, la UP entraría en conflicto con una corriente revolucionaria creciente en su base. Cuando el proletariado chileno mostró que estaba preparado para tomar los slogans del programa UP literalmente –slogans que ascendieron sólo a la retórica vacía y las promesas incumplidas por parte de la coalición burocrática- y las pusieron en práctica, las contradicciones entre la forma y el contenido de la revolución chilena se volvieron aparentes. Los campesinos y trabajadores de Chile estaban empezando a hablar y actuar por sí mismos.
A pesar de su “marxismo”, Allende nunca fue más que un administrador de la intervención estatal en una economía capitalista. El estatismo de Allende –una forma de capitalismo estatal que acompañó el ascenso de todos los administradores del subdesarrollo- fue nada más que una extensión cuantitativa de políticas democrátacristianas. Al nacionalizar las minas de cobre y otros sectores industriales, Allende continuaba la centralización iniciada bajo el control del aparato estatal chileno –una centralización iniciada por el “archienemigo de la izquierda” Frei. Allende, de hecho, se vió forzado a nacionalizar ciertas empresas porque habían sido espontáneamente ocupadas por sus trabajadores. En prevención a la auto-organización de la industria por los trabajadores al desactivar esas ocupaciones, Allende se opuso activamente al establecimiento de relaciones socialistas de producción. Como un resultado de sus acciones, los trabajadores chilenos sólo cambiaron una gama de jefes por otra: la burocracia gobernante, en vez de Kennecott o Anaconda, dirigiendo su trabajo alienado. Este cambio en apariencias podría no conciliar el hecho que el capitalismo chileno se estaba perpetuando a sí mismo. De las ganancias extraídas por las corporaciones multinacionales a los “planes quinquenales” del estalinismo internacional, la acumulación de capital es una acumulación siempre hecha a expensas del proletariado.
Que gobiernos y revoluciones sociales no tengan nada en común fue demostrado también en las áreas rurales. En contraste a la administración burocrática de la “reforma agraria” que fue heredada y continuada por el régimen de Allende, las convulsiones espontáneas armadas de grandes estados ofrecían una respuesta revolucionaria al “problema de la tierra”. Pese a todos los esfuerzos de la CORA (corporación de la reforma agraria) para prevenir esas expropiaciones a través de la mediación de “cooperativas campesinas” (asentamientos), la acción directa de los campesinos fue más allá de aquellas ilusorias formas de “participación”. Muchas de las tomas de fundos fueron legitimadas por el gobierno sólo después que la presión de los campesinos hiciera imposible hacer otra cosa. Reconociendo que tales acciones cuestionaban tanto su autoridad como la de los terratenientes, la UP nunca se perdió una oportunidad para denunciar expropiaciones “indiscriminadas” y llamar a una “desaceleración”.
Las acciones autónomas del proletariado urbano y rural formaron la base para el desarrollo de un movimiento significativo a la izquierda del gobierno de Allende. Al mismo tiempo este movimiento proveyó de otra ocasión para una que una representación política se impusiera en las realidades de la lucha de clases en Chile. Este rol fue asumido por los militantes guevaristas del MIR y su contraparte rural, el MCR (movimiento de campesinos revolucionarios), ambos exitosos en recuperar muchos de los radicales logros de obreros y campesinos. El lema mirista de la “revolución armada” y su rechazo obligatorio de la política electoral fueron meros gestos: poco después de la elección de 1970, un cuerpo de elite de las ex – guerrilas urbanas del MIR se convirtió en la selecta guardia de palacio personal de Allende. Los lazos que unían al MIR-MCR a la UP fueron más allá de puras consideraciones tácticas –ambos tenían intereses comunes que defender. A pesar de los posicionamientos revolucionarios del MIR, actuó acorde a las exigencias burocráticas de la UP: siempre que el gobierno estuvo en problemas, los ayudantes del MIR moverían sus militantes alrededor de la bandera UP. Si el MIR no logró ser la “vanguardia” del proletariado chileno, no fue porque no había suficiente de una vanguardia, sino porque su estrategia fue resistida por aquellos a los que trató de manipular.
IV
La actividad de derecha en Chile aumento, no en respuesta a algún decreto gubernamental, sino por la amenaza directa planteada por la independencia del proletariado. Frente a crecientes dificultades económicas, la UP sólo podía hablar de “sabotaje derechista” y de la obstinación de una “aristocracia obrera”. Pese a todas las denuncias impotentes del gobierno, estas “dificultades” eran problemas sociales que sólo podían ser solucionados en un modo radical a través del establecimiento de un poder revolucionario en Chile. Pese a su pretensión de “defender los derechos de los trabajadores”, el gobierno de Allende probó ser un espectador impotente en la lucha de clases desplegada por fuera de estructuras políticas formales. Eran campesinos y trabajadores por sí mismos los que tomaban la iniciativa contra la reacción, y al hacerlo, crearon nuevas y radicales formas de organización social, formas que expresaban una conciencia de clase altamente desarrollada. Después de la huelga patronal de octubre de 1972, los trabajadores no esperaron a la intervención de la UP, sino que ocuparon activamente las fábricas y empezaron a producir por su cuenta, sin “asistencia” sindical o estatal. Los cordones industriales, que controlaron y coordinaron la distribución de productos, y organizaron la defensa armada contra los patrones, se formaron en las fábricas. Diferente a las “asambleas populares” prometidas por la UP, que existían sólo en el papel, los cordones fueron levantados por los obreros mismos. En su estructura y funcionamiento, estos comités –junto con los consejos rurales- fueron las primeras manifestaciones de una tendencia consejista y como tal constituyó la contribución más importante al desarrollo de una situación revolucionaria en Chile.
Una situación similar existía en los barrios, donde las ineficientes “juntas de abastecimiento” (JAP) controladas por el gobierno, fueron dejadas de lado en las proclamas de “barrios auto-gobernados” y la organización de comandos comunales por los residentes. A pesar de su infiltración por los fidelistas del MIR, estas expropiaciones armadas de espacio social formaron el punto de partida para un auténtico poder proletario. Por primera vez, gente que antes había sido excluida de la participación en la vida social era capaz de tomar decisiones concernientes a las realidades más básicas de su vida diaria. Los hombres, mujeres y jóvenes de las poblaciones descubrieron que la revolución no era un asunto de la urna; como fuese que se llamara la población –Nueva Habana, Vietnam Heroico- lo que ocurría ahí dentro no tenía nada que ver con los paisajes alienados de sus homónimos.
Pese a que los logros realizados por la iniciativa popular eran considerables, una tercera fuerza capaz de plantear una alternativa revolucionaria al gobierno y a los reaccionarios nunca emergió totalmente. Los trabajadores y campesinos fallaron en extender sus conquistas al punto de reemplazar el régimen de Allende con su propio poder. Su supuesto “aliado”, el MIR, usó su palabrería de oponerse al burocratismo con las “masas armadas” como máscara para sus propias intrigas. En su esquema leninista, los cordones fueron vistos como “formas de lucha” que podrían preparar el camino para modelos de organización futuros, menos “restringidos”, cuyo liderazgo sería llenado sin duda por el MIR.
Por toda su preocupación sobre los planes de derecha que amenazaban su existencia, el gobierno restringió a los trabajadores de tomar acciones positivas para resolver la lucha de clases en Chile. Al hacerlo, la iniciativa pasó de manos obreras al gobierno, y dejarse maniobrar por fuera, el proletariado chileno pavimentó el camino para su futura derrota. En respuesta a las súplicas de Allende tras el abortado golpe del 29 de junio, los trabajadores ocuparon fábricas adicionales sólo para cerrar filas tras las fuerzas que los desarmarían un mes después. Esas ocupaciones siguieron definidas por la UP y sus intermediarios en el sindicato nacional, la CUT, que mantuvo a los obreros aislados unos de otros al parapetarlos dentro de las fábricas. En tal situación, el proletariado era impotente para llevar cualquier lucha independiente, y una vez que se firmó la Ley de Control de Armas, su destino se selló. Como los republicanos españoles que negaron armas a las milicias anarquistas en el frente de Aragón, Allende no estaba preparado para tolerar la existencia de una fuerza proletaria armada fuera de su propio régimen. Todas las conspiraciones de la derecha no habrían durado un día si los trabajadores y campesinos chilenos hubieran armado y organizado sus propias milicias. Pese a que el MIR protestó por la entrada de militares en el gobierno, ellos, como sus predecesores en Uruguay, los Tupamaros, sólo hablaron de armar a los trabajadores y tuvieron poco que ver con la resistencia que tuvo lugar. El lema de los obreros “un pueblo desarmado es un pueblo derrotado” iba a hallar su amarga verdad en la masacre de trabajadores y campesinos que siguió al golpe militar.
Allende fue derrocado no a causa de sus reformas, sino porque fue incapaz de controlar el movimiento revolucionario que se desarrolló espontáneamente en la base de la UP. La junta que se instaló en su posición claramente percibía la amenaza de la revolución y se dedicó a eliminarla con todos los medios que tenía a su disposición. No fue un accidente que la resistencia más fuerte a la dictadura ocurriese en las áreas donde el poder de los trabajadores había llegado más lejos. En la planta textil Sumar en Concepción, por ejemplo, la junta estuvo forzada a liquidar este poder por medio de bombardeos aéreos. Como resultado de las políticas de Allende, los militares podían tener el camino libre para terminar lo que empezó bajo el gobierno UP: Allende fue tan responsable como Pinochet por los asesinatos en masa de obreros y campesinos en Santiago, Valparaíso, Antofagasta y otras provincias. Quizás la ironía más reveladora de todas inherente a la caída de la UP es que mientras muchos de los partidarios de Allende no sobrevivieron el golpe, muchas de sus reformas sí lo hicieron. Tan poco sentido quedaba a las categorías políticas, que el nuevo ministro de relaciones exteriores se describió a sí mismo como “socialista”.
V
Los movimientos radicales están poco desarrollados en la medida en que respetan la alienación y entregan su poder a fuerzas externas en vez de crear por sí mismos. En Chile, los revolucionarios aceleraron el día de su propio Termidor al dejar que los “representantes” hablaran y actuaran a su nombre: aunque la autoridad parlamentaria había sido efectivamente reemplazada por los cordones, los trabajadores no fueron más allá de estas condiciones de poder dual para abolir el estado burgués y los partidos que lo mantienen. Si las futuras luchas en Chile van a avanzar, los enemigos dentro del movimiento obrero deben ser superados prácticamente; las tendencias consejistas en las fábricas, poblaciones y campos serán todo o nada. Todos los partidos de vanguardia que se sigan haciendo pasar como “líderes de los trabajadores” –ya sea el MIR, un PC clandestino, o cuales quiera otros grupos subterráneos escindidos- sólo pueden repetir las traiciones del pasado. El imperialismo ideológico debe ser enfrentado tan radicalmente como el imperialismo económico ha sido expropiado; obreros y campesinos sólo pueden depender de sí mismos para avanzar más allá de lo que lograron los cordones industriales.
Las comparaciones entre la experiencia chilena y la revolución española de 1936 ya se han hecho, y no sólo aquí –uno encuentra extrañas palabras que vienen de trotskistas alabando las milicias de obreros que combatieron toda forma de jerarquía. Mientras es cierto que una tercera fuerza radical emergió en Chile, sólo lo hizo de forma tentativa. A diferencia del proletariado español, los revolucionarios chilenos nunca crearon un nuevo tipo de sociedad sobre las bases de una organización de consejos, y la revolución chilena sólo triunfará si estas formas (cordones, comandos) son capaces de establecer su hegemonía social. Los obstáculos para su desarrollo son similares a los enfrentados en España: los consejos y milicias españoles tuvieron dos enemigos en la forma del fascismo y el gobierno republicano, mientras los obreros chilenos enfrentaron el capitalismo internacional y los manipuladores social-demócratas y el leninismo.
Desde las favelas de Brasil a los campos de trabajo de cuba, el proletariado del Caribe, el proletariado de Latinoamérica ha mantenido una ofensiva continua contra todos aquellos que buscan mantener las condiciones presentes.
En su lucha, el proletariado se enfrenta a varias caricaturas de revolución que se hacen pasar por sus aliados. Estos travestis a su vez han encontrado un falso movimiento de la llamada oposición de “ultra-izquierda”. Así, el ex – fascista Perón se prepara para construir un estado corporativo en Argentina, esta vez con un disfraz izquierdista, mientras los comandos trotskistas del ERP lo denuncian por no ser lo suficientemente “revolucionario”, y el ex – guerrillero Castro regaña a todos los que no cumplen con los estándares de la disciplina “comunista”. La historia no fallará en disolver el poder de estos idiotas.
Una conspiración de la tradición –con agentes tanto a la izquierda como a la derecha- asegura que la realidad existente se presente siempre en términos de falsas alternativas. Las únicas alternativas aceptables para el Poder son aquellas entre jerarquías en pugna: los coroneles de Perú o los generales de Brasil, los ejércitos de los estados árabes o de Israel. Estos antagonismos sólo expresan divisiones dentro del capitalismo global, y cualquier alternativa genuinamente revolucionaria tendrá que establecerse ya que es en ninguna parte del poder en Latinoamérica o en cualquier lugar, y esta impotencia constantemente impulsa nuevas acciones. Los trabajadores chilenos no están solos en su oposición a las fuerzas de la contra-revolución; el movimiento revolucionario que empezó en México con las bandas guerrilleras de Villa no ha llegado a su fin. En las milicias obreras que combatieron en las calles de Santo Domingo en 1965, la insurrección urbana en Córdoba, Argentina en 1969, y las recientes huelgas y ocupaciones en Bolivia y Uruguay, la revuelta espontáneas de obreros y estudiantes en Trinidad en 1970, y la continuación de la crisis revolucionaria en sí misma sobre las ruinas de estos conflictos espectaculares. Las mentiras combinadas de la burguesía y el poder burocrático deben ser enfrentadas por una verdad revolucionaria en armas, en todo el mundo como en Chile. No puede haber “socialismo en un país”, o en una fábrica o distrito. La revolución es una tarea internacional que sólo puede ser resuelta a nivel internacional –no reconoce fronteras continentales. Como toda revolución, la revolución chilena requiere el triunfo de movimientos similares en otras áreas. En todas partes, en las huelgas salvajes en Estados Unidos y Alemania Occidental, las ocupaciones de fábricas en Francia y en las insurrecciones civiles en la URSS, las bases para un nuevo mundo se están estableciendo. Aquellos que se reconocen a sí mismos en este movimiento global deben aprovechar la oportunidad de extenderlo con todas las armas subversivas a su disposición.

La emergencia del (no-)sujeto (Blaumachen – grecia)

por  Blaumachen

Sin nombre
“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del ‘encapuchismo’. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a este fantasma: El primer ministro británico David Cameron y la Secretaria General[1] Aleka Papariga, el ministro italiano de la Secretaría de Gobernación Roberto Maroni, Adonis[2] y Takis Fotopoulos, italianos COBAS y policías alemanes”.

Del rioter.info

 

 

El domingo 12 de febrero fue uno de aquellos momentos históricos en los que las contradicciones de una sociedad capitalista se encuentran en el tiempo y el espacio, estallan explosivamente y generan una nueva realidad. Es decir, la lucha de clases actualiza su dinámica y la nueva dinámica constituye al mismo tiempo el nuevo límite inherente que tiene que superarse. Lo más importante no es el acontecimiento en sí mismo (ningún acontecimiento de por sí tiene importancia determinante desde la perspectiva de la revolución), sino su inscripción en el proceso histórico de la emergencia del (no-)sujeto producida en la coyuntura actual.

Ese domingo era esperado por todos, contrario con lo de diciembre de 2008. Durante los últimos meses en toda Europa se esperaba ya el estallido que correspondía a la situación en Grecia. Se consideraba como la crónica de una muerte anunciada y, después de muchas maniobras políticas, el día 12 de febrero (la ironía de la historia funcionó perfectamente[3]) se anunció en los medios de comunicación bajo el título “aprobación de la memoranda 2”. Nadie hizo algo para detener su llegada, nadie podría hacer algo, por mucho que algunos quisieran, como indica el texto de un nuevo “amigo irreconciliable” de los “Gavroches”[4]. Este estallido obtuvo las características de la época transitoria en la que estamos, la “época de los disturbios”; su contenido fue el resultado del impasse en el cual se encuentra la articulación del capital a nivel global hoy en día y, asimismo, intensificó este impasse (Grecia constituye la expresión condensada de la intensificación de dicho impasse).

Cada acontecimiento importante de la lucha de clases está inmerso en el conjunto de las contradicciones históricamente determinadas del presente de una sociedad capitalista y se presenta siempre en una forma específica, fetichizada y múltiplemente mediada[5]. En el momento actual, en Grecia, en gran medida debido a su muy importante historia política reciente, el conflicto emerge en todos los niveles como conflicto político (en pleno contraste por ejemplo con el agosto de 2011 en Londres, mientras la época de los disturbios no puede ser nada más que concretizada en particularidades locales -históricas- de las formaciones sociales). El anuncio por el Estado del estallido inminente (o del primero de una “cadena” de estallidos) fue una declaración política y en este sentido ha sido simultáneamente su integración, como estallido necesario, en la reproducción de la sociedad capitalista. Se trata de una integración disciplinaria, represiva, una integración que se produce en el contexto del estado específico de emergencia. Se trata de una “integración a través de la exclusión”. El Estado después de los hechos y el retorno a la normalidad, es decir después de su victoria, se obliga a fingir que algunas prácticas de los “encapuchados” son criminales a fin de manejar temporalmente el inevitable impacto de los hechos. El discurso del Estado es totalizante, impide todas las opiniones diferentes: Nadie puede estar (o decir que está) al lado de los “encapuchados”, mucho menos que es uno de ellos y reclamar públicamente al Estado por los hechos del domingo.

No podría faltar la “resistencia en contra de la memoranda”, como se llamó cariñosamente la situación, y la presencia del límite actual del sindicalismo. La huelga general de 48 horas fue realmente grandiosa mientras reveló en todo su esplendor la muerte definitiva del movimiento obrero: nadie le hizo caso, ni ellos que cosechan cuota de plusvalía (plusvalía verdadera, ganancia capitalista) a través de su negocio, los cuales como una actividad secundaria (hasta ahora oficialmente reconocida) tienen la declaración de huelga de vez en cuando. A pesar de que los sindicalistas de las organizaciones terciarias siguen siendo de forma exclusiva socialmente legitimados para convocar a huelgas generales, no están en ningún lado, no existen, ya que han sido informados de antemano que el sindicalismo es pasado y están buscando otro negocio (tal vez una buena oportunidad de inversión, aunque de alto riesgo, pueda ser el seguro social de las manifestaciones, ya que los organizadores tendrán que pagar el costo de los daños causados). El hecho de que el movimiento obrero no puede ser incluido ya en las formas y las prácticas de un enfrentamiento durante el cual está en juego la propia existencia del salario básico es indicativo de la medida en que la reivindicación salarial está puesta fuera de la reproducción del capital. Al mismo tiempo, este carácter no oficialmente laboral del movimiento proletario es un elemento importante para el encuentro del impasse de la luchas reivindicativas con el proceso emergente de la abolición de la sociedad capitalista. Se trata de un encuentro de ruptura, de un proceso de producción histórica.

El domingo, la presencia de la gente fue masiva y la composición tanto de los “encapuchados” como de todos los manifestantes fue interclasista. Un hecho que se expresó con la participación masiva en los enfrentamientos con la policía y su aceptación casi universal. Nadie, pero nadie, (ni su órgano sindicalista) fue a apoyar a los policías esa tarde en la plaza Sintagma por su papel. Esta vez no estuvieron presentes pacificadores del movimiento como lo hicieron el verano pasado. El único que los apoyó fue el representante del partido del Orden[6], aspirante a primer ministro. La policía, en términos generales, es siempre la clase capitalista en posición de combate frente al proletariado. Sin embargo, específicamente en la coyuntura actual, constituye la expresión material de una estrategia particular del capital dentro de la formación social griega: para que se imponga la segunda fase de la reestructuración, el Estado griego debe perder su autonomía, incorporarse ya orgánicamente en una coalición más amplia y degradarse en la jerarquía interna con todas las consecuencias que esto implica para las competencias capitalistas y el destino de los estratos pequeñoburgueses. El ataque a la policía es evidentemente un paso necesario de ruptura para la superación de los límites de las prácticas del “diálogo” con el Estado sobre la negociación por el precio de la fuerza de trabajo y por todos los “derechos”. En dicha coyuntura, no obstante, se puede expresar también, entre otras cosas, el conflicto interno entre los estratos pequeñoburgueses y el Estado que los aplasta. Así como lo manifestó Egipto en 2011, el ataque a las fuerzas represivas del Estado no significa un cuestionamiento directo a la comunidad más significante capitalista, la nación[7], menos al dios verdadero, el dinero y la propiedad. Por lo tanto, muchos de los ex o recién “indignados” participaron en los enfrentamientos y en muchas ocasiones las prácticas combativas se combinaban con el respeto a “las propiedades de la gente” y con groserías a los policías como “traidores”, “guarda-alemanes” o “turcos”, los cuales “deberían estar con nosotros y no en contra”. Este domingo, incluso en los escenarios de los enfrentamientos y particularmente por la participación masiva inédita, no podría tener otro carácter que “nacional-popular” necesariamente producido en todo este periodo por la lucha contra la austeridad.

Además de la participación interclasista, condición necesaria para el enfrentamiento masivo con la policía y el apoyo amplio de dicho enfrentamiento, un elemento significativo del domingo, por el cual el Estado y todos los defensores de la Cultura[8] se enrabiaron, fue el saqueo y a continuación el incendio de negocios y varios edificios. Dicha práctica, surgida a gran escala durante el diciembre de 2008, volvió a emerger después del retroceso impuesto por el incidente de Marfin[9] en mayo de 2010, mientras la lucha de clases es una reacción en cadena, ella misma constituye la dinámica de sí misma. Además, los incendios de edificios fueron resultado de la forma política específica que predomina en la lucha de clases en Grecia. Por un lado, la policía tenía que proteger agresivamente al parlamento y empujar a la gente a las calles de alrededor. Por el otro, el peso de la historia política no permite al Estado griego aumentar más el nivel de la represión y tomar abiertamente una forma dictatorial (banks or tanks), incluso ahora que la situación de emergencia es tan grave. En todo el periodo del capitalismo reestructurado (en Grecia comenzó aproximadamente en 1996) la transformación de la policía en ejército de ocupación en el ámbito urbano es un elemento clave que ha permitido que el Estado se mantenga democrático mientras reprime brutalmente las partes activas del proletariado. Durante la década de 2000, los tradicionales madrazos empezaron a ser imposibles pues las minorías dinámicas que luchaban en las calles no tenían los medios para confrontar a la policía, organizada cada vez más militarmente. Por lo tanto, con el movimiento estudiantil de 2006-2007, la rabia del proletariado precario reprimido por la policía se canalizó a los edificios de Atenas; en 2008 cada empresario se dio cuenta que tenía que aumentar los gastos para la seguridad de su propiedad por las invasiones de las clases peligrosas. Al principio del periodo de las memorandas, el encuentro de dichas prácticas con uno de los últimos relámpagos del movimiento sindicalista resultó en el incidente de Marfin. Durante casi un año, la violencia social se marginalizó y fue reprimida por todas las formaciones políticas. Sin embargo, en el movimiento interclasista de las plazas, el tema de la violencia re-emerge como una contradicción interna del movimiento; mientras el nuevo giro de las medidas de austeridad era más duro, las “prácticas de los disturbios” rodeaban a las plazas con su punto culminante el 28 y 29 de junio de 2011. Desde entonces empezó a ser más claro que cada vez tendía a involucrarse mayor parte de la población en los enfrentamientos con la policía.

La parte del proletariado que incendia y saquea constituye un producto del periodo neoliberal que, específicamente en su último tiempo, llevó a la crisis. Todos aquellos que en noviembre de 2005 hablaban de hechos socialmente marginales en Francia, en marzo de 2006 hablaban sobre “los desmadrosos que atacan en las marchas estudiantiles”, en diciembre de 2008 sobre “una revuelta metropolitana de las que ocurren frecuentemente pero se apagan como cohetes y lo importante es ver qué hace el movimiento obrero”, todos ellos empezaron a angustiarse cuando en agosto de 2011 estalló Londres. Esta parte del proletariado no puede detener desde adentro el proceso productivo (por lo menos no todavía), por lo tanto actúa en el nivel de la circulación de la mercancías y los servicios. El (no-)sujeto emergente es simultáneamente sujeto y no-sujeto, a causa de la relación históricamente determinada entre la integración y la exclusión del proceso de la producción de valor. El tema esencial no es si se produce en términos cuantitativos el aumento del lumpenproletariado, sino el hecho de que se produce el aumento de la lumpenización del proletariado – una lumpenización que sin embargo se presenta como externalidad respecto al mundo del trabajo asalariado y al mismo tiempo como elemento determinante de su definición. La precarización, el “dentro-fuera”, producen un (no-)sujeto de (no-)excluidos, mientras la integración tiende a ocurrir cada vez más a través de la exclusión, principalmente, para los jóvenes. Se trata de una dinámica, un movimiento que se renueva continuamente. No nos referimos sólo a la exclusión radical de la relación asalariada; más bien nos referimos a la exclusión de lo que se considera trabajo “normal”, salario “normal”, supervivencia “normal”. En un ambiente de producción de población excedente y de ataque violento al valor históricamente definido de la fuerza de trabajo, el tan esperado “sujeto” pierde el suelo bajo sus pies. No hay “sujeto” sin que se haya dado la “objetividad” que le permite vivir como sujeto. En la crisis del capitalismo reestructurado se pierde el suelo (el anclaje a la relación asalariada) junto con el oxígeno (la posibilidad de exigir el mejoramiento de la condiciones de vida). Los que ya se encuentran atrapados en el continuum precariedad/exclusión invaden un movimiento que todavía tiende a invocar un trabajo “normal” y un salario “normal”; y la invasión del (no-)sujeto es exitosa porque este movimiento ya fue invadido por el bombardeo continuo del capital al trabajo y al salario “normales”. Toda esta situación produce prácticas destructivas como una escisión al interior del movimiento del proletariado y presiona al capital para intensificar la dimensión represiva de su reproducción como relación y seguir tratando de aumentar la tasa de explotación más y más violentamente.

Con las prácticas del domingo (las prácticas de los disturbios) dichas partes del proletariado se convierten, dentro de la reproducción de la sociedad capitalista, en factor de intensificación de la crisis. El papel del (no-)sujeto refleja la revolución que se produce en este ciclo histórico de luchas, la cual consiste en la abolición de todas las mediaciones del valor, es decir, de todas las relaciones sociales contemporáneas y no en la toma del poder por los trabajadores. El horizonte de la revolución (de este periodo) no es un programa revolucionario que espera la emergencia de un “sujeto” el cual inevitablemente jugará el papel central. Los trabajadores productivos, a pesar de su papel particular, no se producen en este ciclo de luchas como el sujeto -separado de las demás partes- de la revolución que va a dirigir el proceso de la transformación de la sociedad capitalista en una “sociedad de trabajo”; el asunto central de la revolución no será la “gestión de la producción”. En el futuro, las prácticas destructivas que emergen hoy en día encontrarán su límite en su propia reproducción y no podrán seguir refiriéndose sólo a la destrucción del capital constante como “pérdida” ni al sabotaje temporal. Para la continuación de la vida durante la lucha, las prácticas tendrán que transformarse y cuestionar la existencia de los medios de producción como medios de producción de valor. Dicho cuestionamiento no será un proceso monolítico hacia una tal “victoria”, sino conllevará en su interior todos aquellos conflictos que producirán, como rupturas, la abolición de la distinción entre producción y reproducción, o sea la abolición del valor y junto a ella la abolición de todas las relaciones del capital. Por el momento, en la crisis del capitalismo reestructurado, el (no-)sujeto ya se vuelve en fuerza activa, emerge continuamente y sus prácticas tienden a coexistir “antagónicamente” con las prácticas reivindicativas; asimismo las prácticas reivindicativas tienden a “imitar” las prácticas de los disturbios; estas últimas inevitablemente magnetizan a las primeras mientras el “diálogo social” se ha caído.

En septiembre de 2011 habíamos escrito sobre la coyuntura de ese momento: “Lo importante en los acontecimientos futuros, como crisis e intensificación de la lucha de clases, es el despliegue de la relación entre la especie de las prácticas en Inglaterra [agosto de 2011] y las prácticas de los ‘indignados’. Dicha relación toma una centralidad importante debido a la fluidez entre los dos sujetos formados (el desempleo está en el centro de la relación asalariada). La delineación de un nuevo límite (policía, el pertenecer a la clase como coerción externa) conduce a una nueva configuración a la cual nos intentamos acercar con el término ‘disturbios’. Los ‘disturbios’ rodean a los movimientos de los ‘indignados’, los invaden y finalmente los penetran produciendo escisiones en las prácticas de dichos movimientos (una primera manifestación de este hecho son las protestas de los días 28 y 29 de junio en Grecia). La dialéctica de dicha escisión trabaja fervorosamente…”. El domingo constituye una superación en la medida de que dichas prácticas han convergido, se han enfrentado cara a cara en acción. El encuentro de estas prácticas es resultado de la dinámica que produce la penetración mutua entre los “indignados”, los “pequeñoburgueses proletarizados”, los funcionarios y los jóvenes precarios/desempleados.  El movimiento dialéctico de las prácticas ya está en proceso. Pero dicha dialéctica no se desarrollará en vacuum; ella misma está inmersa en la dinámica entera de la lucha de clases: “El salario de los 400 euros no tiene nada que ver ni con los recortes de la ganancia de las farmacias, ni con los recortes de los beneficios de empresas públicas y bancos, ni con los recortes de las pensiones, ni con la apertura de las profesiones cerradas, ni con nada de las cosas que conducen a los sindicalistas y los trabajadores a ocupaciones, manifestaciones, huelgas indefinidas. Cuando todos los anteriores lleguen a los límites que ellos mismos proclaman, entonces ¿que harán precisamente aquéllos que obviamente no tienen ninguna esperanza de sobrevivir? Como los chavos de los barrios degradados que frecuentan los centros deportivos pertenecientes a los magnates navieros que libran impuestos odian el centro de Atenas y sus luces bonitas. Los jóvenes desempleados de la Capital están desesperados y dispuestos a no aceptar en ellos la lepra del margen social. Les hablamos de solidaridad. Chingaderas. Nadie sacrifica ni el mínimo […] para que los veinteañeros de Grecia puedan tener unos pocos euros más”[10]. Las prácticas pertenecen a sujetos, fluidos y continuamente reconfigurados,  formados por la misma lucha de clases hoy en día. En la coyuntura de cada crisis, donde la ganancia realizada no es suficiente para dar vida a la inmensa masa de trabajo pasado cristalizado, el proletariado, dentro del proceso de su aplastamiento, se fragmenta aún más. Sin embargo, en la coyuntura actual, en cuyo núcleo se encuentra la expulsión de la luchas reivindicativas por la reproducción del capital – dinámica que constituía un elemento esencial del periodo anterior – la dinámica de la crisis se convierte ya en dinámica de crisis de la relación asalariada en sí. Mientras se implementa la segunda fase de la reestructuración y el trabajo informal se vuelve tendencia que dirige la fuerza ciega del capital, ya no es nada fácil para el capital administrar la separación cualitativa, necesaria para su propia reproducción, entre los estratos “integrables” del proletariado y la población excedente. Dicha separación, la clasificación y ordenamiento de la fuerza de trabajo, es un elemento estructural de todos los periodos del capital. Sin embargo, en la actualidad emergen dos elementos cruciales: por un lado, la parte expulsada tiende a ser más y más grande prefigurando un momento en el que comprenderá una parte significativa de la población, y en segundo lugar, la distinción entre la inclusión y la exclusión es ahora totalmente contingente.

Cada predicción es peligrosa mientras la condensación del tiempo histórico conlleva el elemento de lo imprevisto y de la creación de múltiples rupturas. El giro trascendental hacia la “cuestión nacional” puesto como necesario para la reproducción de la estructuración actual del capital inscribe en la coyuntura la posibilidad de una contrarrevolución izquierdista “nacional” o fascistoide el cual, no obstante, no puede tener la estabilidad de los fascismos del pasado (integración nacional-socialista en la reproducción del capital dentro de los límites de una formación social nacional). Ésta se producirá, si es necesario, en el momento que llegará como la última medida desde el punto de vista del capital, el cual se obliga a funcionar en términos de “economía política de riesgo”. La apropiación de prácticas de disturbios y el estado de guerra continuamente reproducido, en cuyo contexto ya el proletariado está obligado a reivindicar cada tipo de demanda, junto con la compresión general de la población trabajadora/desempleada, todo jugará su papel en la dirección de qué tipo de prácticas se adaptarán por el (no-)sujeto de los (no-)excluidos. Lo único cierto es que el acontecimiento importante del domingo será sólo uno de una toda serie que prefigura ser densa y en las noches alumbrante.

blaumachen y amigos, febrero de 2012

Blaumachen would like to thank our dearest amiga Katerina for the translation!

 

Notas de pie

[1] Secretaria General del Partido Comunista Griego (KKE).

[2] Diputado del partido ultra-derechista LAOS, luego ministro de Comercio Marítimo bajo el gobierno de coalición de Papadimos.

[3] El día 12 de febrero es el aniversario del Acuerdo de Varkiza, con el cual comienza el fin de la guerra civil en 1945. El Partido Comunista firmó la orden de desarme de las guerrillas comunistas, un acto que permitió su posterior masacre por el ejército estatal.

[4] El conocido político izquierdista, Alekos Alavanos, escribió: “Mientras los poderes de la izquierda permanecen alienados a la juventud, siempre y cuando el ‘derrocamiento’ sigue siendo un estereotipo agotado sin que se traduzca en un plan revolucionario y un conflicto político, dichos fenómenos continuarán emergiendo de manera cada vez más frecuente y difusa. Si Gavroche de Les Miserables estuviera anoche en la plaza Sintagma, no estaría en los bloques cerrados de la juventud partidaria; estaría incidiendo a bancos y salas de cine con sus amigos”. http://konserbokoyti.blogspot.com/2012/02/blog-post_2450.html.

[5] Véase también el texto “Sin ti, ni un solo engranaje se gira…”, http://libcom.org/library/without-you-not-single-cog-turns%E2%80%A6, donde hemos discutido la forma política en la cual se expresa en Grecia el conflicto entre prácticas de diferentes sectores del proletariado.

[6] El presidente del partido neoliberal-conservador Nueva Democracia, Antonis Samaras, declaró al día siguiente: “Estos desmadrosos deben saber que, cuando llegue el momento, les voy a sacar sus capuchas”.

[7] El concepto de la nación registra la unidad contradictoria de clases de cada sociedad capitalista dada. A través de sus aparatos ideológicos, el Estado transforma proporcionando legitimidad social a los intereses de clase del capital, presentándolos y poniéndolos a trabajar como intereses nacionales. Estado, nación y capital son facetas de un poder de clase único: el capitalismo.

[8] El incendio de la sala de cine Attikon, uno de los edificios históricos monumentales de Atenas, causó mucha indignación entre ellos.

[9] Cuando en el banco Marfin se lanzaron bombas incendiarias por manifestantes, tres trabajadores que habían sido obligados a trabajar con puertas cerradas en un día de huelga general, se murieron en el incendio.

[10] Cinema: Infierno, por Aggélika Psará, http://www.rednotebook.gr/details.php?id=4858 (en griego).